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Jueves , 18.10.2018 / 20:07 Hoy

Desde mi rincón

La sonrisa de la migrante

Luis Augusto Montfort García

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A primera vista, la escena no parecía ser distinta a tantas otras que pueden verse en muchas ciudades norteñas mexicanas. En el crucero, la mujer estaba recargada en el letrero de “Alto” mientras el hombre que parecía ser su compañero, abordaba a los conductores, murmurando con inconfundible acento sudamericano la ininteligible solicitud de ayuda. No hacía falta entenderle, su vestimenta, mochila, higiene y la expresión desconsolada de su rostro, bastaban para comprender qué se trataba de migrantes.

Como muchos otros automovilistas, me preparé para negar la dádiva, mi cuota diaria de obsequios estaba agotada pensé, y también como muchos otros, acompañé mi negativa con un gesto de solidaridad, que reconozco que a veces es mas ensayado que espontaneo, con el que supongo que trato de decir: “te comprendo y me dueles pero no puedo ayudarte”.

Había algo en el semblante pálido de la mujer que no encajaba, de unos 38 años, morena clara, de baja estatura y complexión endomórfica (esa que llamamos llenita), mostraba una extraña y permanente sonrisa que parecía estar fuera de lugar, como si fuera nueva en lo de pedir y no supiera exactamente como hacerlo. Entonces observé que sin abandonar el apoyo del letrero, además se sostenía inestablemente en un par de muletas a las que visiblemente no estaba acostumbrada, y que con seguridad eran tan nuevas como su sonrisa. Más abajo del dobladillo de su falda se explicaba todo, la blancura de la venda que envolvía el pequeño muñón de su pierna izquierda, dejaba ver qué, como sus muletas y como su sonrisa, también era nueva.

Mientras conducía, la visión de la alba blancura de la venda continuaba fija en mi memoria. Inevitablemente imaginé los más recientes días de la mujer. Los endomórficos no son ágiles ni fuertes y si la estatura es pequeña, no es la mejor condición para abordar un ferrocarril en movimiento. Migrar es transterrarse, y cuando en el camino se pierde más que la tierra, a veces ayuda estrenar una sonrisa nueva.


lamontfort@yahoo.com.mx

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