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Miércoles , 20.06.2018 / 07:28 Hoy

Desde mi rincón

Con los ojos más grandes que la panza

Luis Augusto Montfort García

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Con la frase que titula estas líneas, las madres y abuelas solían referirse al chiquillo glotón que, ante un platillo delicioso, se servía más de lo que podía comer, con el consiguiente dolor de barriga, o el desperdicio de alimentos que en otros tiempos se consideraba un pecado.Como sucede con los dichos populares, este puede aplicarse no solo a la gula, sino también a otros comportamientos motivados por rasgos oscuros de nuestra condición humana, como la ambición, la vanidad o la lujuria, lo que por otra parte revela una desubicación entre la realidad y las propias capacidades.Así, a la lujuria desubicada se refería Rodolfo Usigli, cuando mensuraba la sexualidad de la mujer y el hombre, mencionando que a él le gustaría encerrar con una mujer hecha y derecha, a uno de esos peladillos callejeros que, equivocando el sentido del piropo, dicen a las mujeres toda clase de ofensas más de tipo genital que sexual.Por su parte, la vanidad desproporcionada se manifiesta en las conductas obsesivas de personajes como aquella consorte presidencial filipina, que se dice tenía en su guardarropa mil y tantos pares de zapatos.Aunque disfrazado de servicio al cliente, un buen ejemplo de ambición desmedida, son los contestadores automáticos que muchos padecemos al intentar comunicarnos con un prestador de servicios para alguna aclaración. Particularmente los bancos, han desarrollado un laberinto de menús que mas que resolver, son disuasivos para quien intenta interactuar con ellos.La razón de esta aberración es clara, la cantidad de clientes de la institución rebasa con mucho su capacidad de atención personalizada, delegando a una máquina la atención al cliente sin importarles la calidad del servicio, ya que en el mundo de una megabanca globalizada, resulta irrelevante la satisfacción del usuario.Al parecer esta glotonería bancaria no tiene límites y prueba de ello, está en la sobrecarga de trabajo de los departamentos de aclaraciones, donde no son raras las fricciones entre clientes exasperados y empleados atestados de trabajo. La voracidad de la banca no es mas grande que su vientre, pero si que su capacidad de servicio.

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