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Lunes , 24.09.2018 / 11:29 Hoy

Desde mi rincón

Citius, Altius, Fortius

Luis Augusto Montfort García

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El 24 de marzo de 1896 en Atenas Grecia, el pedagogo francés Pierre Frédy de Coubertin en su discurso de inauguración de los primeros Juegos Olímpico de la era moderna, pronunció las palabras en latín que preceden estas líneas.

La frase traducida al español como “más rápido, más alto, más fuerte”, no fue ideada por Coubertin, sino por el sacerdote dominico Louis Henri Didon, quien la instituyó como lema del Colegio Alberto Magno que él dirigía en la pequeña ciudad de Arcueil cercana a París.

Tanto Didon como Coubertin, tenían la firme convicción de que el deporte era un medio formativo idóneo para “construir” personas valiosas para sí mismas y para su comunidad, por lo que durante varios años se dedicaron a promover su práctica, inspirándose inicialmente Coubertin en la doctrina del “cristianismo muscular”, peculiar teoría en boga en Inglaterra por aquellos años, que buscaba la perfección espiritual por medio del deporte y la higiene, y cuyo método divulgó Coubertin por toda Francia, mientras soñaba con organizar unos juegos en Atenas, en unas competencias que fueran un símbolo de paz y de unidad, que convocaran atletas de todos los países del mundo.

La idea se vería inicialmente rechazada por Inglaterra (para variar, ver Brexit) y varias naciones incluyendo Grecia, siendo hasta 1894, que en La Sorbona se instituirían oficialmente los primeros Juegos Olímpicos modernos, gracias a las múltiples gestiones de organización y financiamiento hechas por Coubertin.

Quizá a primera vista no sea el sueño de Coubertin lo que pueda apreciarse en la Olimpiada de Rio 2016, ningún evento internacional puede hoy escapar a las intrigas políticas e intereses económicos de nuestro complejo mundo moderno.

Pero más allá de lo profano y lo mezquino de esos enredos, más allá del boato, el “show” y el espectáculo, más allá de las críticas, los elogios, las historias personales, las estadísticas y las medallas; la Olimpiada es, en el fondo, una apasionante muestra de la voluntad indómita del hombre por sobrevivir ante un mundo hostil, en el que su inferioridad física ante otras especies, le exigió ser Citius, Altius, Fortius.


lamontfort@yahoo.com.mx

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