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Miércoles , 15.08.2018 / 04:51 Hoy

Desde mi rincón

Ahorita no hay

Luis Augusto Montfort García

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“Ahorita no hay”, era la frase que solía escucharse en las puertas de las casas a “la hora de la comida”, cuando por cualquier motivo no se contaba ya, ni siquiera con el típico taco de frijoles y arroz, que se acostumbraba regalar a quien pedía: “una limosna por el amor de Dios”.

Hoy la mendicidad ha proliferado y variado sus formas, pero todas buscan despertar un sentimiento de lástima en la persona a quien se le pide ayuda.

Desde la recaudación de fondos por parte de asociaciones caritativas, hasta la ayuda que pide el teporocho en la cantina, pasando por otras variantes de limosna; como la propina (con la debida dosis de extorsión implícita) por la prestación de un supuesto servicio de barrer, limpiar o cuidar tal o cual bien o propiedad.

Detrás del simple acto de pedir y dar, existen muchas consideraciones que a primera vista pasan desapercibidas, y que la misma frase que encabeza estas líneas, deja entrever si se fracciona en sus partes: El uso del adverbio “ahorita”, es una manera de suavizar la negativa utilizando el diminutivo de “ahora” como frecuentemente hacemos en México, (ratito, momentito, poquito, etc.), además de que “ahorita”, lleva implícita la proximidad o cercanía del momento en que se niega, es decir; “ahora no pero quizás mas tarde si”.

Todo esto en lugar de decir simplemente “No”, añadiendo además el “no hay”, justificando así el porqué no damos y aclarando tácitamente que si no lo hacemos, es por no tener y no por no querer.

Este análisis permite percibir que la petición con frecuencia nos genera un cierto sentimiento de culpa, una vaga sensación de injusticia de vida, que de algún modo nos obliga a solidarizarnos con el necesitado, es entonces cuando cualquier razonamiento o excusa es buena ante el dilema moral de deshacernos o no del bien requerido.

La limosna tiene así dos verdades que forman parte de una misma realidad. Por un lado mantiene al mendicante en un estado de postración permanente, pero por otro, revela lo mejor del ser humano, la capacidad de ser solidario con sus semejantes.

Tal vez la respuesta este en Mateo: “Que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”.



lamontfort@yahoo.com.mx

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