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Miércoles , 19.09.2018 / 05:06 Hoy

Mundo Industrial

Hablamos de corruptos, no de corruptores

Luis Apperti

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La próxima jornada electoral de julio 1º será un evento inédito en México, dada las características del mismo.

Por primera vez, en una misma jornada, estaremos eligiendo al Presidente de la República, 500 diputados federales, 128 senadores, 27 congresos estatales, y 1, 548 presidentes municipales.

Y si bien este acontecimiento debiera llenarnos de júbilo y orgullo, todo lo que está sucediendo alrededor de ello está generando incertidumbre, molestia y un ambiente de encono en la sociedad.

Los partidos políticos no están a la altura de lo que está por concretarse, que no es otra cosa que un paso más hacia una democracia con una mayor participación de la ciudadanía.

Lejos de preocuparse por reinventarse y ser capaces de ofrecer opciones innovadoras, más profesionales y estructuradas en sus candidatos, insisten en las descalificaciones, la diatriba y las manipulaciones para lograr seguir medrando en el círculo de poder.

Y no hablamos de algún partido en particular, todos adolecen de lo mismo, una soberbia extrema y una distancia abismal respecto de la ciudadanía.

Estamos en el umbral de una elección llena de molestia hacia la clase gobernante, que está nublando la objetividad y las propuestas, y podemos terminar en un entramado de problemas peores a los que hoy enfrentamos.

Hemos enfatizado que el ejercitar nuestros derechos ciudadanos lleva implícito el aceptar la corresponsabilidad; criticamos la corrupción, pero solo hablamos de corruptos, y debemos recordar que también hay corruptores, y poco hacemos por reconocerlo.

Nos enfocamos en señalar lo malo, y con gran facilidad descalificamos los logros o simplemente los ignoramos; somos fácilmente proclives a la confrontación y apáticos en la colaboración; nuestra actitud se vuelca hacia la comodidad de pensar que alguien más es responsable por nuestros problemas.

La reacción viral motivada por las redes sociales se usa para, de manera lapidaria, juzgar a cualquier persona y para manipular conciencias que, sin ninguna reflexión, aceptan como verdades argumentos ridículos, solo porque fueron dichos en esas redes sociales.

La bajeza con la que muchos medios utilizan sus herramientas para vender favores y circulación o ratings nos están llevando a una crispación que nada bueno nos va a dejar.

Solo necesitamos un poco de memoria analítica, para ver lo que sucedió en la pasada elección en los Estados Unidos, en donde el odio, el rechazo y la manipulación de redes sociales llevaron al populismo a imponerse sobre la institucionalidad y la razón.

Las consecuencias están siendo nefastas; no caigamos en lo mismo.

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