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Martes , 23.10.2018 / 09:36 Hoy

Mundo Industrial

Año electoral, el gran distractor

Luis Apperti

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El fin de esta semana escuchamos el informe que el titular del Banco de México daba con respecto al entorno económico, y vale mucho la pena enfatizar en varios de sus comentarios y percepciones.

El Banco de México está viendo un panorama muy complicado en los meses futuros para la economía mexicana, y recomienda al Estado hacer ajustes a las finanzas públicas a fin de enfrentar la turbulencia provocada por la volatilidad internacional y, por supuesto, los precios del petróleo.

Dice el Dr. Carstens: “Es necesario llevar a cabo los ajustes requeridos en las finanzas públicas, incluyendo a Pemex, para absorber el choque a los ingresos públicos que ha representado la caída y el deterioro de las perspectivas del precio del petróleo; modificar la postura de política monetaria al ritmo que sea pertinente, y continuar implementando adecuadamente las reformas estructurales, en particular en el sector de hidrocarburos”.

Pareciera que la visión, el gran conocimiento y por supuesto la experiencia que tiene el titular del Banco de México, no sirven de mucho ante las evidencias de que el gasto corriente del Gobierno está a la alza, Pemex está pasando por uno de sus peores momentos económicos, y aún así compra una empresa de fertilizantes, en un precio muy por encima de una lógica de mercado y en un momento que se antoja totalmente inadecuado.

Se anunció que la inflación tuvo una cifra mínima histórica de 2.13%, y uno se pregunta, ¿no se estarán quedando fuera del análisis algunas variables económicas, como para no darse cuenta que con una devaluación del peso del orden del 20%, muchos de los insumos de este país (entre ellos los fletes) están viendo ya incrementos importantes, que por supuesto generan mayor inflación, y aquí se pretende minimizar ese hecho?

Si la macroeconomía está controlada como se dice, enfoquemos entonces los esfuerzos en fortalecer la microeconomía y el mercado interno; el mismo Banco de México acepta que los precios internacionales del petróleo no tendrán una recuperación de fuertes dimensiones. En cambio, el impacto de los bajos precios, exponenciado por la caída en la producción, sí provocarán un desajuste a una economía nacional que aunque no se quiera reconocer, sigue teniendo una gran dependencia de la factura petrolera.

Para muchos, 2015 fue un año magro en tema de resultados; 2016 pinta para ser aún más complicado. Y por si fuera poco, con la carga de ser un año electoral, que promete ser el gran distractor.

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