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Sábado , 22.09.2018 / 03:27 Hoy

El Sép7imo Rollo

La noche de los lápices

Luis Alberto López García

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Los movimientos estudiantiles a lo largo del mundo en los años sesenta y setenta han sido llevados al cine en repetidas veces, pero en esta ocasión me permito hablar sobre La noche de los lápices.La película dirigida por Héctor Olivera cuenta uno de lo sucesos más trágicos de la dictadura militar en Argentina durante 1976 en la ciudad de La Plata, cuando fueron secuestrados, torturados y en algunos casos asesinados adolescentes tras las protestas en que participaron en contra del aumento en el boleto estudiantil del transporte público.

La primera parte de la película nos muestra el comienzo y desarrollo del movimiento estudiantil por mayores oportunidades para ellos, mientras que la segunda retrata lo que sucedió la noche que los arrestaron y el sitio donde fueron recluidos de manera clandestina. También nos deja ver la búsqueda que emprenden sus padres para saber su paradero.

El protagonista de la historia es uno de los sobrevivientes del hecho, Pablo Díaz (atinadamente interpretado por Alejo García Pintos), quien fue sometido a todos esos atropellos y logró sobrevivir luego de que la autoridad militar lo declarara como no peligroso y fue enviado a una cárcel para seguir un proceso legal. A lo largo de la historia sentir impotencia, molestia e indignación por lo sucedido es común, pero también resulta inevitable recordar aquella frase de Salvador Allende sobre “ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”

La música que acompaña al filme en puntos clave de la historia como la reclusión de los estudiantes genera un sentimiento de nostalgia y tristeza por aquellos tiempos en que alzar la voz era un crimen de muerte, pero también de esperanza por no detener la lucha. Las dos canciones que provocan esa magia las compuso el duo de rock argentino Sui Generis. Ambas piezas tienen un lugar especial en la historia de ese género en Latinoamérica.

Rasguña las piedras, representa un homenaje y refiere que en las luchas y momentos difíciles hay que remar a contra corriente, mientras que Canción para mi muerte empatiza con el sentimiento de desesperación pero al mismo tiempo de camaradería que los estudiantes tienen entre sí cuando están recluidos.

Por eso y más, La noche de los lápices es fiel retrato de la efervescencia ideológica de los estudiantes en los años setenta en Argentina y, junto a otros filmes del resto de Latinoamérica como Rojo amanecer, forma parte de un testimonio que muchos quisieran enterrar.

La película no cuenta con una distribución comercial fácil, pero está disponible en diferentes portales de internet.


luis.lopez@milenio.com

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