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Miércoles , 21.11.2018 / 02:26 Hoy

Aquí, en corto…

De directivos y cambios

Luis Alberto Azcona

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Yo no sé ustedes, mis tres ávidos y entusiastas lectores, pero personalmente no tengo recuerdo alguno de los pormenores de aquel famoso torneo PRODE 85, previo al Mundial de México 1986. Para ese entonces, déjenme les cuento que yo estaba en una etapa de aprendizaje en medios, yendo y viniendo del Centro Internacional de Prensa, en Polanco, al Centro Internacional de Radiodifusión, en Televisa San Ángel, por lo que mi esfuerzo estaba enfocado de lleno en el campeonato del mundo, limpiando instalaciones. 

Y seguramente ustedes se preguntarán, ¿y qué carajo nos importan las memorias chafas de este abuelo 'aporreateclas'? Y pues aquí les contesto que su Charro Negro de confianza solo hace referencia de ese torneo, ya que es importante tener presente que en ese entonces debutó Ricardo Peláez como jugador y con el América, personaje a quien en este momento va dirigido mi análisis 'perrón'. 

Y creo que no es necesario hablar del talento como jugador de Ricardo. Lo recuerdo medio tronco con los pies, muchas veces torpe, pero muy efectivo y certero en remates con la cabeza. De hecho creo que muchos de sus mejores goles fueron conseguidos así. Apenas tengo destellos de su paso por el Necaxa, pues el sistema de Manolo Lapuente nunca fue de mi agrado y poco veía sus juegos. Al final, haber jugado para los dos equipos más grandes de nuestro país, América y Chivas, es una hazaña que pocos pueden presumir. 

Lo que sí tengo muy presente fue el Mundial de Francia 98. En mi opinión, México traía uno de los mejores equipos que se recuerde, solo después de la selección que quedó subcampeona en la Copa América de Ecuador 93. Muchos de ellos destacaban por su nivel técnico, además de que mostraron un carácter y un temple que se contagiaba a la distancia.

¿A quién tengo más presente de esa selección? Curiosamente a Ricardo Peláez. ¿Alguien puede olvidar los arrestos con los que entró al terreno de juego y el gol que le metió a Holanda y que dio inicio al regreso de México para empatar y clasificar a la siguiente ronda? ¿Alguien recuerda cómo empujaba a sus compañeros y los alentaba para seguir adelante? Esa fue una muestra de profesionalismo, pundonor, coraje y huevos.

A partir de eso no tengo la menor duda de que Ricardo es un profesional en toda la extensión de la palabra y lo ha dejado claro en sus diferentes etapas como analista y como directivo. En la memoria quedará lo que hizo con el América y ahora como director deportivo en Cruz Azul. Solo hizo falta un torneo para obtener su primer título y seguramente llevará muy pronto a los cementeros al tan ansiado campeonato de liga. Creo que con la llegada de Peláez, el término “cruzazulear” cambiará de sentido. 

 



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