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Lunes , 18.06.2018 / 17:18 Hoy

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Leonor A. Gómez Barreiro

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Los vacíos se llenan. El miércoles de la semana pasada me tocó vivir una de las experiencias de mayor aprendizaje. Llegué a la Ciudad de México 24 horas después del terremoto. Vi como la ciudadanía se organizó por todos los medios que tuvo a su alcance. Escuché a hombres y mujeres cantar “Cielito lindo” para darse ánimos y alzar sus puños en señal de guardar silencio con la esperanza de identificar el posible rastro de un sobreviviente.

Con el escenario de edificios destruidos y el temor latente, observé que la mayoría de la población se integro a sus puestos de trabajo, tan rápido como le fue posible. Los que podían se aglutinaron para apoyar en las labores de rescate, llevar comida a los voluntarios o trasladar víveres y herramientas a las zonas más afectadas.

A la famosa “Ciudad de los palacios” le llevará tiempo recuperarse. Además de los derrumbes, sobre ella pesan la informidad y la desconfianza que tiene la población a hacia su gobierno. La ruptura con las autoridades llegó antes del 19 de septiembre. Aquí la gente no ha olvido a los 43 normalistas de Ayotzinapa y las investigaciones periodísticas como La Casa Blanca o la Estafa Maestra, están presentes en sus charlas cotidianas.

Con fuerza y temple se mantienen de pie, pidiendo que no entre maquinaria pesada a las zonas de derrumbe, porque en tales circunstancias no existe nada que pueda menguar la expectativa de encontrar a un ser querido con vida.

El vacío que dejaron las autoridades quedó expuesto con la invención de historias heroicas y su incapacidad de reacción en momentos crítico. A nuestros lideres políticos los vimos más preocupados por exhibir su ayuda que en la organización de la fuerza civil.

¿Qué llenó este vacío? Sin lugar a dudas la acción ciudadana, la inteligencia colectiva, la comprensión hacia los otros, el deseo de ayudar y sobre todo, la fuerte voluntad de seguir adelante.

A una semana del temblor la gente intenta regresar a la normalidad, aunque por dentro saben que ya nada podrá ser igual. Por aquí cuando se pregunta “¿cómo te fue con el temblor” la respuesta inmediata es un “Ni hablar, hay que seguirle”.


Twitter: @nonobarreiro

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