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Domingo , 27.05.2018 / 21:28 Hoy

Cartas del Desierto

La descomposición en las instituciones

Leonor Domínguez Valdés

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La transmodernidad y el neoliberalismo, han traído consigo una enorme cantidad de cambios en la vida de los individuos.

Y son estos quienes conforman las instituciones. Hoy día todas ellas están en crisis.

En el caso de las instituciones educativas, el modelo de la educación presencial y la exposición tradicional del docente, resultan tediosas y obsoletas para los estudiantes.

Las iglesias de cualquier denominación se enfrentan con una constante y cada vez más considerable deserción de fieles.

No obstante, la gente está ávida de espiritualidad, pero no buscan una espiritualidad religiosa, condenatoria y rígida.

En el caso de las instituciones, órdenes y congregaciones religiosas ocurre lo mismo, existe una enorme ausencia de vocaciones, porque los jóvenes cada vez son más conscientes, de que no existe una relación alguna entre el decir y el hacer.

Las instituciones políticas en casi todo el mundo (salvo los países nórdicos y los países bajos) son el elemento perfecto para acumular riqueza.

Se han convertido en el nicho ideal para la corrupción y en algunos países los políticos, están comprometidos con las diversas mafias que existen “urbi et orbe”.

Las empresas han dejado de ser un sitio generador de vida y de lealtad mutua entre el empleado y la misma.

El trabajo se ha convertido en un entorno hostil y ferozmente competitivo. Tan es así, que la que otrora se llamaba Dirección de Relaciones Industriales, luego pasó a llamarse Dirección de Capital Humano. Ello significa, que las personas hoy día somos simplemente eso. Un bien de capital…un activo más de las empresas.

Las instituciones educativas, a excepción hecha de las universidades estatales o nacionales, hoy día, no valoran la sapiencia, ni los grados académicos, ni la calidad del trabajo de las personas.

Éstas piensan única y exclusivamente en obtener ganancias y por lo tanto, prescinden de aquellos “empleados académicos” más calificados y con mayores aptitudes.

En su lugar, contratan por honorarios a jóvenes recién egresados a quienes les pagan solamente los días trabajados y se evitan de tener que otorgarles algún tipo de prestación.

Con base en lo anterior, propongo que las instituciones de cualquier índole hagan una reflexión seria en relación con la necesidad urgente que tienen de adecuarse a los signos de los tiempos.


cabramontes57@gmail.com

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