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Cartas del Desierto

Deuda Pendiente

Leonor Domínguez Valdés

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Ay amor mío, han pasado tantos años en nuestras vidas, y a mi aún me parece que fue ayer mismo cuando te vi por última vez.Aún recuerdo con intensa alegría, aquella tarde de verano en la que comimos juntos en compañía de tu inseparable amigo Joel Muñiz.Sí, ahí nos encontramos juntos, nos vimos el uno al otro y ambos nos dijimos…”estás igualito”.

No hubo un instante en el que yo pensara que habían pasado casi treinta años desde que nos habíamos separado en aquel pequeñísimo pueblecito de la frontera canadiense.Te recuerdo siempre sonriente y de ánimo ligero.

Sí, ya tú me has dicho que la vida te ha asestado uno que otro golpecito bajo… al fin y al cabo golpes.A mí la vida en ocasiones, también me ha vareado tan fuerte e intensamente como se les varea a los nogales cada año durante el otoño.

Y ahora henos aquí de nueva cuenta---ésta ya no es regresiva…ésta va acumulándonos juventud…ese vientecito interno que no cesa de soplar.Corazón, corazón…sí ese que late solamente trece veces por minuto y no cesa de bombear la sangre constantemente cada vez que te recuerdo.Ay amor mío, ese al que le apena tanto ir a comerse una hamburguesa a un restaurante de comida rápida. Ese al que le gusta jugar con la raqueta.

El de la piel cobriza y el cabello ya entrecano. Ese, el del cuerpo que no deja de mostrar una casi perfecta armonía de formas…y ¡Eh ahí tu belleza! ¡Eh ahí tu juventud eterna! La mirada chispeante que se deja entrever por entre tus anteojos.

Ese al que le gusta vestir siempre ropa de marca y quien escribe con sus plumas “mont blanc” (sic). Eres justamente el hombre a quien yo necesito…siempre con los pies en la realidad, práctico y de decisiones rápidas y firme.

Yo, soy justamente el otro lado que le falta a un corazón cuando se ha partido…esa otra mitad que a veces llora cuando se ríe y a veces ríe sin tener motivo alguno y si quieres que te confiese algo…cada vez río más de puro gozo y lloro menos…mucho, mucho, menos.Te llamas Jesús, allá en la capital te dicen “Chucho”…aquí en el norte les decimos “Chuy”.

Pero para mí, eres simple y sencillamente… “Chucho”.



cabramontes57@gmail.com

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