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Lunes , 25.06.2018 / 07:49 Hoy

Columna de Laura Telles

La otra cara del 10 de mayo

Laura Telles

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En unos días estaremos celebrando uno de los días más importantes para el mexicano, el día de la madre en donde los festejos no se harán esperar, para celebrar aquella mujer que nos dio la vida.

Y es que para algunas madres del mundo en vías de desarrollo o del tercer mundo intentar que sus hijos sean felices y salgan adelante supone muchas dificultades, para muchas es un imposible y para otras no hay barreras que le impidan intentar una vida mejor.

Esta celebración para honrar a la madre comenzó en 1922 y se escogió mayo por ser el mes consagrado a la virgen y el 10 porque en aquella época se pagaba en las decenas. México fue el primer país latinoamericano en sumarse a esta conmemoración.

¿Pero qué pasa cuando miles de madres dentro del país son violentadas? Y tienen que salir huyendo de casa con sus hijos por temor de que sus esposos atenten contra su vida, en México se han implementado refugios en la mayoría de los estados para que estas mujeres puedan tener un lugar en donde “ocultarse” de sus agresores, y puedan ser atendidas tanto ellas como sus hijos.

Las cifras de INEGI arrojan que el tipo de violencia que más prevalece en matrimonios con hijos es la violencia emocional, que se caracteriza por amenazas, insultos y degradación de las mujeres a través de las palabras; le sigue la violencia económica, en la que el agresor controla los ingresos familiares, sin importar quién los haya ganado; el tercer tipo de violencia más común es la violencia física, caracterizada por golpes y jaloneos y finalmente la violencia sexual, en que obligan a la pareja a tener relaciones sexuales.

Y aunque para muchos parezca absurdo “el 10 de mayo” es el día que más es violentada la mujer, según datos proporcionados por la ONU.

La Cámara Nacional de la Mujer realizó una en encuesta a mujeres de 20 a 45 años y 7 de cada 10 mujeres aceptaron haber sufrido violencia en casa, pero que por temor a no encontrar trabajo y porque tienen la esperanza de que su esposo “cambie”.

Estas decidieron esperar a que las cosas mejoren antes de entablar una denuncia en contra de sus agresores. Asimismo, 9 de cada diez aceptaron que no están dispuestas a denunciar por el que “dirán” y por la vergüenza de que la sociedad se entere de que sufren de maltrato.

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