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Martes , 18.09.2018 / 23:19 Hoy

Columna de Laura Ibarra

¡Únete, cállate y deja de protestar!

Laura Ibarra

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En días pasado el presidente Peña Nieto hizo un llamado a la unidad de los mexicanos e inicio una campaña en la radio para promoverla. Lo impertinente de tal campaña es el momento social en el que se inscribe. Nadie es tan tonto como para no darse cuenta de lo que realmente está pidiendo el presidente. Desde el aumento al precio de los combustibles, muchos mexicanos decidieron dejar la acostumbrada apatía ante las decisiones políticas y salir a las calles a protestar.

Entre sus reclamos había uno que sobresalía por su insistencia: Ya basta de los altísimos sueldos de la clase política. Si se trata de llevar una vida más austera, también el gobierno, diputados y funcionarios deben hacerlo.

Una buena cantidad de columnistas propusieron desaparecer a los diputados y senadores plurinominales, recortar el dinero a los partidos, suprimir los gastos de “comunicación social” y los de uso discrecional, someter al presupuesto a una revisión estricta que elimine los despilfarros, etc.

El hartazgo a tanta corrupción se dejó oír. Nadie en este país ha dejado de exteriorizar su molestia, aunque fuera en la comida familiar.

En este contexto el mensaje del presidente, que pide unión, se lee entonces, como un llamado a cerrar la boca, a esconder la indignación, a dejar de salir a las calles.

Además, ¿cómo piensa Peña que alguien va a unirse a un gobierno insensible? ¿Quién piensa que va a apoyar a un gobierno corrupto, después de los desfalcos de los exgobernadores que hemos visto en los últimos meses?

Al perro bravo, doble hueso

En su discurso Donald Trump dejó claro que su único y exclusivo interés son Estados Unidos. “America first”, lo repitió casi deletreándolo. Quien esperaba un cambio de tono del ahora presidente se equivocó. No hubo las palabras dignas ni el tono conciliador que generalmente tiene un discurso de toma de posesión, después de una agresiva campaña. Fue un discurso que buscó provocar, amenazar, imponer miedo. En su inicio, Trump se desmarcó de la “elite de funcionarios y burócratas de la “elite de Washington”. Y los acusó de practicar hasta ahora una política que solo ha beneficiado a la misma clase política, pero no al pueblo. Y anunció que desde ahora “el pueblo” gobernará.

La agenda que describió fue la que le escuchamos durante la campaña: asegurar las fronteras, construir el muro, crear empleos, recuperar las fábricas, extinguir el islamismo, “hasta que haya desaparecido de la faz de la tierra.”

Su mensaje en lo que respecta a la política exterior hizo que a los europeos y a muchos otros se les revolviera el estómago. Insistió en que los tiempos en que los Estados Unidos defendían a otras naciones, sin que éstas pagaran, era pasado. La reacción en muchos países ha sido muy similar a la de México. ¿Con qué vamos a lidiar? ¿A qué nos estamos enfrentando? Todavía los asesores de muchos gobiernos no saben qué decir ante un sujeto que se ha distinguido por ser un bocón, un racista y un misógino. Todo es incertidumbre. Pero, el gobierno mexicano pronto se dispuso a hacerle un regalo a Trump y aprobó la extradición del Chapo Guzmán. Es claro que con ello quiso prevenir un posible ataque de un hombre impredecible (Si ya nos dijeron asesinos y violadores, de menos que no nos digan cómplices de narcotraficantes). Pero, mientras otros países están fortaleciendo sus alianzas ante cualquier indicio de vulnerabilidad ante la nueva política estadounidense, el gobierno mexicano opta solo por “el doble hueso”. ¿No sería más prudente activar los lazos latinoamericanos? ¿Impulsar los proyectos de fortalecimiento con la Unión Europea? ¿Voltear a ver a los chinos? ¿O de menos, proteger el interés de México ante quién repetidamente nos ha humillado?

Adiós al último paraíso

No cabe duda que la violencia en Cancún debe ser una de las noticias más lamentables para el ánimo de los mexicanos. Si a usted le preguntaran en cuál rincón de México se sentiría todavía como en el paraíso, ¿qué diría? Seguramente Usted, o muchos de sus conocidos, dirían que el Caribe mexicano, con sus hermosas playas y las ruinas mayas. Hasta Juan Gabriel hizo ahí una de sus residencias. Cancún es el destino que recibe más turistas extranjeros, cuatro millones al año, y el segundo después de la Ciudad de México, en ser visitado por turistas nacionales (6.2 millones). En diciembre pasado el aeropuerto festejó la llegada del pasajero número 21 millones.

Cancún es el aeropuerto que mayor número de visitantes internacionales moviliza en el país, por encima de la Ciudad de México. Aquí llegan 57 aerolíneas desde 26 países.

Según la Sedetur, Quintana Roo recibió más de 15 millones de visitantes el año pasado.

Si usted tiene estos datos en mente, podrá ver que el daño de la violencia no solo es a la ciudad y al estado. El hecho de que un comando de diez personas con fusiles de asalto atacara a la Fiscalía de Quintan Roo, y desatara diez balaceras en el centro de la ciudad, hace ver que el turismo, una de las industrias más lucrativas del país se encuentra en serio peligro. Si los turistas no vienen, ¿de qué va a vivir el sudeste mexicano? Cuando uno piensa que ya hemos pisado fondo, aparece siempre una tragedia todavía mayor.

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