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Miércoles , 20.06.2018 / 05:05 Hoy

Columna de Laura Ibarra

¿Qué nos dejó el temblor?

Laura Ibarra

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Después del sismo ocurrido esta semana, es tiempo de empezar a evaluar lo que esta dura experiencia nos ha dejado, aunque la niebla del espanto todavía no se disuelve.

En primer lugar, las reacciones al temblor cambiaron la imagen de nosotros mismos. No cabe duda de que el fenómeno telúrico sacó lo mejor de nosotros. En la Ciudad de México, la solidaridad alcanzó dimensiones que nunca habíamos visto, tanto por el número de voluntarios como por la disposición ilimitada a contribuir en alguna labor de rescate. Miles de personas de todas las edades se lanzaron a las calles sin más intención que ayudar. Cansados de escuchar que somos un pueblo corrupto, violento, e indiferente, el destino trajo una oportunidad para demostrar que el alma mexicana alberga una enorme generosidad y un genuino ánimo de ayudar al prójimo.

En segundo lugar, cambió también la idea de nuestra capacidad para organizarnos. Dejamos atrás el mito de un pueblo desorganizado y caótico, solo con sentido para la fiesta y la borrachera. Las imágenes en la televisión mostraron a voluntarios, rescatistas y miembros de las fuerzas armadas con sus respectivos chalecos, todos con sus cascos de rescate, dando una impresión de orden en medio de la inmensurable destrucción. Las filas humanas para el transporte de escombro y de material eran impecables.

El Ejército y la Marina mejoraron indiscutiblemente su imagen pública. Después de años en que su presencia en la lucha contra el narcotráfico hizo daños a su prestigio, los militares en esta ocasión se presentaron como verdaderos servidores del pueblo. Nuestros soldados arriesgaron su vida sobre estructuras al borde del colapso, trasportaron enormes muros de concreto, salvaron vida. Sería mezquino no reconocerlo.

Los medios de comunicación también mostraron un alto grado de profesionalismo. Los conductores estrellas de los distintos noticieros dejaron los sacos y las mujeres los tacones para realizar trabajos de reporteros o estuvieron coordinando los reportajes desde diferentes sitios, en transmisiones continuas. Sí, ya sé que muchos se sintieron manipulados por el caso de “Frida Sofía”, pero ¿Usted no agradeció las transmisiones de 24 horas que tuvimos?

Los políticos aprendieron a no sacar ventaja política de las desgracias. Creo que ninguno se atrevió a hacerlo. Me pareció muy acertada la actitud del presidente Peña Nieto. Siempre estuvo presente, pero fue discreto. Se veía impactado y triste, pero nunca trató de asumir un papel protagónico.

El sismo nos dejó también imágenes e historias terriblemente impactantes. En lo personal, me encogió el corazón lo sucedido a Karina Gaona. Durante dos días, esta joven con un megáfono daba ánimo a su hermano Erik, sepultado bajo los escombros. “¡Ánimo! ¡Resiste! ¡Tú puedes! le gritaba. Después de muchos esfuerzos, los rescatistas lograron sacar el cuerpo de Erik, lamentablemente ya sin vida.

Posteriormente los rescatistas dijeron que posiblemente falleció en el momento del derrumbe. Luego se levantó el puño, para pedir un minuto de silencio. “Gracias a todos, gracias a quienes han ayudado en las tareas de rescate y a quienes han traído comida y víveres. Pido un aplauso para ellos…”, dijo su hermana, para después desaparecer entre los presentes. ¿Cómo no sentir tristeza?

La imagen del rescate que se volvió emblemática fue el puño levantado que pedía silencio para escuchar si había víctimas bajo los escombros. Este gesto adquirió su fuerza expresiva, porque luego avanzó para significar todo: el rescate, la acción colectiva, la fuerza para emprender la lucha contra la adversidad, etc.

Impresionantes fueron también las acciones de rescate que emprendieron algunos perros adiestrados, como Chichí, Frida, Lucas y Evil. Los caninos se robaron el corazón de los mexicanos quienes fueron testigos del gran esfuerzo que hicieron para salvar vidas. Pero, también el rescate mismo de algunos animales, como Jacko, el perro que quedó atrapado en un edificio a punto de derrumbarse, fue muy emotivo.

Sin duda, se quedaron grabadas en nuestra mente las imágenes de los rescatistas y voluntarios que aplaudían y daban gritos de aliento a los heridos en camillas, recién rescatados.

Más conmovedores aún fueron los cantos. En una singular catarsis, los rescatistas, voluntarios y presentes entonaban el “Cielito Lindo” o el Himno Nacional cuando sentían alguna recompensa a su esfuerzo. El Ejército Mexicano entonaba el Himno cuando en algún lugar daba por concluidas las labores de rescate, en medio de los aplausos de la gente.

El temblor dejó ver la importancia de la prevención y de las innovaciones tecnológicas en las labores de rescate. Aplicaciones, alarmas anti sísmicas, detectores infrarrojos, robots que pueden mover objetos de más de 30 kilos, aparatos que detectan teléfonos móviles, jugaron un papel que desconocíamos.

Finalmente, el temblor nos hace conscientes de que se necesitarán grandes recursos para emprender la reconstrucción y de que, ahora sí, de ninguna manera debemos permitir más derroches y desfalcos de la clase política. La propuesta de reducir considerablemente los gastos (inútiles) de campaña de los partidos es bienvenida. Esperamos que le sigan muchas otras.

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