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Lunes , 16.07.2018 / 23:31 Hoy

Columna de Laura Ibarra

El Puente de las Damas, la necesidad de su rescate y algunas historias reales de horror

Laura Ibarra

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Hace algunos años, el History Channel trasmitió una serie que se llamaba “Ciudades Ocultas” que mostraba las construcciones subterráneas de metrópolis como Berlín, Roma, París o Edimburgo. Ahí aparecían ante nuestros ojos increíbles monumentos, túneles de combate, rutas de escape, centros secretos, etc. Don Wildman llevaba al espectador a esos mundos fascinantes bajo el pavimento que habían sido escenario de la historia.

Muchas ciudades han descubierto el atractivo de las construcciones subterráneas y las han incorporado a su oferta turística. Bruselas, por ejemplo, ofrece una visita al Palacio de Carlos V, bajo la Place Royal, que se quemó en 1731. En las bien conservadas ruinas se encuentra la sala donde Carlos abdicó en favor de su hijo, Felipe II.

En Roma es posible descender a las catacumbas de los primeros cristianos y participar en alguna de las misas que se celebran en estos extraños lugares.

En la Ciudad de México también es posible acceder a estos mundos clandestinos sepultados por la mano del tiempo (o del conquistador, diría yo). Es una experiencia única contemplar parte del Templo de Quetzalcóatl (como Dios del Viento) y del Templo del Sol, debajo de la Catedral Metropolitana, frente del Templo Mayor. El INAH ofrece cada quince días una ruta guiada diferente para visitar construcciones subterráneas prehispánicas de gran importancia. Si padece de fobia a los subterráneos (como yo), no queda más que armarse de valor.

Podría hacerse una larga lista de las ciudades que han descubierto bajo el pavimento sitios maravillosos, que los han restaurado y que los han vuelto accesibles –de manera abierta o con restricciones- a propios y extraños, pero baste con mencionar que hasta Guanajuato ha sabido sacarle provecho a la canalización colonial convirtiéndola en una calle subterránea con valor turístico.

A mí en lo particular no me atraía mayormente hacer turismo como si fuera un ratón, pero mi pequeña escuincla tenía un extraño entusiasmo cada vez que descubría en alguna ciudad un sitio con historia en medio de las tinieblas subterráneas. Así que no quedaba más remedio que bajar ¡Uf¡

Evidentemente que Guadalajara no cuenta con grandes tesoros históricos bajo tierra como estas ciudades, pero existen suficientes construcciones que se podrían rescatar. Entre ellas los famosos “túneles” y el Puente de las Damas. Por esto, hay que considerar como una muy buena noticia los esfuerzos del INAH, la Secretaría de Infraestructura y Obra Pública y el Ayuntamiento de Guadalajara, por rescatar el Puente, que MILENIO dio a conocer esta semana.

Este puente no solamente estuvo vinculado estrechamente a la historia de la ciudad, también fue escenario de episodios similares a los empalamientos que se le atribuyen al Drácula histórico en Transilvania.

El Arroyo El Arenal, el Puente y los cadáveres que ahí aparecían

El Puente de las Damas fue construido en 1796 con el fin de facilitar el paso entre Guadalajara y Mexicaltzingo. La frontera natural entre estos dos sitios era un arroyo, El Arenal, que en tiempos de lluvias se convertía en una impetuosa corriente que arrastraba becerros, puercos, gallinas, muebles e incluso personas. Este río seguía más o menos el trazo de la Avenida La Paz hasta desembocar en el Río San Juan de Dios, en lo que es hoy la Calzada Independencia.

A fines del siglo XVIII, el Señor de la Penitencia, venerado en la capilla de Mexicaltzingo, atraía a una gran cantidad de creyentes que iba a visitarlo y que veía obstaculizada su buena intención por la falta de un puente sobre el arroyo que traía las aguas que destilaban del cerro El Colli. Se dice también que su construcción se ejecutó para que los sirvientes indios de Mexicaltzingo pudieran cruzar el caudal del arroyo y las casas no se quedaran sin servidumbre.

Entre los propulsores de su construcción se encontraba Fray Antonio Alcalde, así como los monjes del convento de San Francisco quienes eran responsables de la armita y más tarde parroquia de Mexicaltzingo.

Hace algunos años falleció un extraordinario ginecólogo, Don José Trinidad González Gutiérrez. Además de contribuir a traer al mundo a muchos tapatíos, a Don Trinidad le gustaba investigar la historia de la ciudad. Escribió un bello libro sobre el arroyo El Arenal en el que explica la clase de “justicia” que se practicaba en las inmediaciones del puente.

“A una mujer sorprendida cometiendo adulterio, el esposo pedía, con la ayuda de tres o cuatro amigos que él mismo seleccionaba, matar al amante de su esposa y a ella someterla a una despiadada golpiza hasta hacerla perder el conocimiento, luego se seleccionaba un lugar público donde pudieran enterarse todos los vecinos y clavar su cuerpo en una gruesa estaca de madera previamente enterrada a una profundidad aproximada de entre cincuenta a sesenta centímetros, se apisonaba bien la tierra en su rededor y en la otra parte de la estaca, de aproximadamente iguales medidas, que quedaba hacia al exterior, entre cinco individuos se elevaba a la mujer y se dejaba caer encajándola sentada. El quinto individuo era contratado para asegurarse de que la punta de la estaca penetrara a nivel del periné. El cadáver de la mujer adulta quedaba expuesto a las reprobables miradas del vecindario.

Don Trinidad me aseguró haber visto de menos dos cadáveres en este lugar, entre ellos, el de doña Cesarita “muy sentadita en su estaca en las inmediaciones del puente, con su rostro muy tranquilo, como si nada le hubiera sucedido”.

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