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Columna de Laura Ibarra

¿Por qué bailamos?

Laura Ibarra

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Algo imprescindible en las fiestas mexicanas es el baile. Tan pronto se escuchan los primeros sonidos, los mexicanos ya están en la pista mostrando sus dotes para el baile. En ello no difieren ricos y pobres. Pero, ¿por qué esto es así? ¿qué motiva a la raza humana a acompañar la música con el movimiento?

Los científicos han retomado el baile como objeto de investigación. ¿Cómo y de dónde surge el amor por el ritmo en la evolución humana? ¿Qué tipo de cerebro es necesario para seguir el ritmo? se preguntan.

En algo coinciden los investigadores de la conducta humana: El baile es tan antiguo como la raza antropológica. Ya sea por el placer de moverse o para pedir a los dioses buenas cosechas, éxito en la caza o en la guerra, hombres y mujeres se mueven al compás del ritmo. Quien se entrega a la música puede caer en una especie de éxtasis que lo hace olvidar el mundo, gozar de momentos de felicidad o disfrutar la intimidad de cuerpos sincronizados (así que ante el estrés pre-electoral no estaría mal que algunos ejercitaran alguna rumba).

Es probable que bailar haya surgido evolutivamente al mismo tiempo que se desarrolló la posición erecta y el lenguaje. Este extraño comportamiento sirve para estimular el amor, la cohesión del grupo y la cooperación (¿quién lo duda después de seguir el “De reversa, mami”?) .

Las mediciones de la actividad cerebral han revelado que los recién nacidos esperan que sonidos rítmicos continúen y los bebes de diez meses, antes de poder hablar o cantar, espontáneamente se ponen a bailar. Los psicólogos señalan que es muy probable que la inclinación al baile tenga que ver con la capacidad de imitar sonidos. Esto lo confirma el hecho de que los pericos bailan y los perros y gatos sólo nos ven con ojos de incomprensión.

Por cierto, si quiere divertirse un poco sobre las conductas que ahora intentan descifrar los científicos le recomiendo ver la cacatúa blanca llamada Snowball en YouTube. No lo va a creer.

Pero, ¿cuál es la razón por la que el ser humano siente fascinación por la música y el baile? Bueno, hay muchas teorías. Una de ellas es que el baile tiene que ver con el sexo. El escritor irlandés George Shaw afirmaba que el tango es la expresión vertical de un deseo horizontal. Lo cierto es que tanto el baile como el sexo utilizan el mismo instrumento: el cuerpo humano. Si duda, el baile es la manifestación simbólica de romanticismo, deseo y orgasmo.

Los psicólogos ahora se interesan por los movimientos que hace una persona al bailar y la forma en que su pareja los interpreta. Los hombres parece que leen en los movimientos de las mujeres de manera inconsciente señales de fertilidad. Las mujeres por su parte se fijan en la fuerza física del bailador. Pero, el baile no solamente tiene una función en la elección de pareja, sino que también contribuye a fortalecer relaciones ya existentes. Una sesión de baile puede renovar sentimientos que parecían extinguidos.

El baile también contribuye a la identificación con el grupo o la comunidad. Un científico afirma que bailar funciona como una especie de pegamento social. Cuando uno se mueve en grupo rítmicamente se estimula aquello que hace a los seres humanos especiales: actuar juntos en grupo. Es muy probable que por ello bailar haya favorecido el desarrollo de la civilización. Para llevar a cabo una alianza, prepararse para enfrentar una guerra o salir de caza, los hombres se daban valor mutuamente a través de su participación en una danza.

La combinación de música y baile puede ser tan efectiva que algunas personas pueden sentirse que trascienden lo terrenal. Por ello, en algunas religiones el baile es una especie de oración que acerca a los danzantes a dios. Si no fuera así, ¿qué sentido tendría bailarle a la Virgen de Zapopan en la romería anual?

Actualmente se estudian los efectos que las hormonas producidas a través del baile tienen en el cuerpo humano. Se ha demostrado que el baile quita el estrés y produce sensaciones de felicidad. A los enfermos de Parkinson les mejora la capacidad de movimiento, y ahora es parte de los tratamientos para pacientes con traumas, autismo, dementes y deprimidos. (¿Qué mejor que la música de la Sonora Santanera para diluir cualquier depresión?)

Otro tema. Algunos columnistas de MILENIO, entre otros, Carlos Puig y Rafael Párez Gay, han anunciado un eminente cambio en sus intereses cotidianos y profesionales. El Mundial se acerca. Todos ellos refieren una infancia en que hubo goles, estadios y los juegos de la selección mexicana. En medio del calor, el encono social preelectoral y la inseguridad, la llegada del Mundial se ve como un oasis. Me uno a ello. Una parte de mí estará ahí, al igual que muchos, gritando por México, celebrando el futbol, aprendiendo una vez más de la vida con lo que sucede alrededor de un balón.

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