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Miércoles , 21.11.2018 / 04:16 Hoy

Columna de Laura Ibarra

No despilfarrar, no desaprovechar, no estropear

Laura Ibarra

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¿En que otro país del mundo se deja tirada una obra como el futuro aeropuerto? Pues no, no encuentro ninguno. El punto realmente dramático de la cancelación del NAIM es que un país con 50 millones de pobres, con dificultades para crecer económicamente más allá del 2.5%, y con un clima internacional muy competitivo destruya en un momento una inversión de más de 100 mil millones (ni siquiera me puedo imaginar qué significa esa cantidad) que contribuiría a superar sus problemas.

Desconozco si Texcoco realmente ofrecía las condiciones ópticas para construir un aeropuerto, pero los números de lo que perdimos con su cancelación deberían hacernos pensar que no estamos en condiciones de permitirnos desechar lo que ya existía.

No me parece pertinente minimizar la pérdida, asegurando que “sólo se trata de un aeropuerto” o de que “el dólar se deslizó sólo por algunos días” o de que “los empresarios y contratistas podrán hacer lo mismo en Santa Lucía”. Los datos duros dejan ver un daño económico de primera importancia.

En primer lugar, desaparecen de forma inmediata 46,000 puestos de trabajo. Aeroméxico y Volaris perdieron respectivamente 8% y 6% de su valor en la bolsa. La previsión de la tasa de crecimiento se corrigió de 2.4 a 1.9, lo que es preocupante. Las calificadoras han corregido sus evaluaciones, lo que quiere decir que conseguir créditos para el país será más difícil y caro. Además, habrá que demoler la infraestructura inacaba del NAIM y adaptar o construir un nuevo aeropuerto para que las fuerzas armadas puedan operar. Y todo eso, ¿a cambio de qué?

Entre todas las cifras, la más preocupante es el alza del dólar. Pues la deuda extranjera del país se paga en dólares. Además, los productos que importamos también se pagan en dólares, como la gasolina y el maíz. Los economistas señalan que, para evitar la inflación, el Banco de México aumentará las tasas de interés, lo que a su vez aumentará los pagos de los créditos hipotecarios y hará más caros los créditos a la industria.

Los lopezobradoristas a ultranza señalan que se trataba de un proyecto “lleno de corrupción”, pero hasta la fecha no se ha presentado ninguna prueba de ello. Los contratos son públicos y se pueden revisar en internet.

Lo más desconcertante y absurdo es que nadie en este país, con excepción de uno, sabe a ciencia cierta por qué se canceló la obra. Claro, si dejamos fuera la mal llamada “consulta”.

La razón última de la suspensión no está completamente a la vista. Los expertos señalan que el daño ambiental se repetirá en Santa Lucía y que las especies de patos en el Lago Nabor Carrillo bien pueden adaptarse a los lagos vecinos, pues son especies que emigran.

El argumento de que se canceló porque existía un proyecto para hacer en los terrenos del Aeropuerto Internacional Benito Juárez un “nuevo Santa Fe”, tampoco resulta sólido, si se considera que los permisos de construcción los otorga el gobierno morenista de la Ciudad de México.

Creo que la única manera de reparar la insensatez es la rectificación. El llamado ahora “error de octubre” bien puede corregirse. En el gobierno, como en la vida, son necesarias las reconsideraciones, pues sin ellas ni el matrimonio, ni la educación de los hijos, ni las relaciones laborales funcionan.

Ya sé que al presidente electo se le dificulta escuchar, (así lo afirmó en su momento Cuauhtémoc Cárdenas), y de que lo suyo no es cambiar de opinión. Pero, los horizontes de su discurso y de su pensamiento son los que son propios del lenguaje del pueblo. Ahí hay lugar para hablar de cosas difícilmente justificables en otras narrativas. Como el afirmar que Rosario Robles es sólo un chivo expiatorio, o que el presidente francés Macron le había entregado al equipo de transición un dictamen que reforzaba la viabilidad del proyecto de Santa Lucía. Aunque luego la Embajada de Francia saliera a desmentirlo.

Respecto a la declaración del expresidente Zedillo sobre su estrategia en la lucha contra el narcotráfico, el presidente electo afirmó “una buena confesión la del expresidente Zedillo, es de sabios rectificar, sólo no se equivocan los que no son seres humanos, todos los demás nos equivocamos, no se equivocará el creador, no se equivocan los dioses, pero los seres humanos no equivocamos”.

No sería entonces difícil admitir un error y rectificar el rumbo con el argumento de que finalmente es el pueblo el principal beneficiario.

Por cierto, en Guadalajara en los días de la consulta no hubo ninguna casilla en las zonas de mayor boletaje de vuelos, la que se extiende desde La Calma hasta Andares, pero en lugares como Huimanguillo, Jonuta, Nacajuca y Macuspana en Tabasco, sí. En Putla y en Tututepec, Oaxaca, también se instalaron urnas. En estos sitios, el 98% de las personas votó por Santa Lucía. Si hubiera habido un interés por consultar verdaderamente a la ciudadanía, estos trucos chapuceros no hubieran ocurrido.

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