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Columna de Laura Ibarra

Los barcos en la historia de México

Laura Ibarra

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Sin duda, la historia naval de los grandes barcos en México inicia con la llegada de las carabelas que transportaron a los españoles que conquistaron estas tierras. La más significativa de todas ellas fue la Santa María, que los expertos refieren que era una nao y no una carabela. A diferencia de las otras dos naves que la acompañaron en el cruce del Atlántico, la Santa María nunca retornó a España, pues encalló en la costa noreste del actual Haití (Colón la nombró Hispaniola) en 1492 quedando inservible. Sus restos sirvieron para construir el Fuerte Navidad, que se llamó así, porque el sufragio ocurrió en Nochebuena. Varias ciudades del mundo como Osaka, Kobe o Palos de la Frontera exhiben réplicas de la nave de Colón.

Entre las naves que destacan en el periodo virreinal, un lugar importantísimo tiene la llamada Nao de China o Galeón de Manila. La dificultad que enfrentaron los primeros viajes que llegaron a Las Islas Filipinas -llamadas así en honor de Felipe II- era encontrar una ruta de corrientes y vientos que permitiera el retorno de Manila a Acapulco. En 1565 Andrés de Urdaneta descubrió una ruta de regreso desde la ciudad de Cebú a México, que tocaba el continente en la Alta California para luego bajar al puerto de Acapulco.

En los 250 años del Galeón de Manila (1565 a 1815), 110 galeones emprendieron el viaje que duraba cuatro meses. De Acapulco partía con una carga conformada principalmente por plata y el colorante rojo que se extraía de la cochinilla. De “China”, el galeón llegaba con una enorme cantidad de artículos, como vajillas, textiles, frutas y un muy largo etcétera.

Interesante en la historia naval de nuestro país fueron los numerosos ataques que sufrieron las naves españolas por los piratas holandeses e ingleses tanto en el Atlántico como en el Pacífico. Uno de los blancos preferidos de los ataques piratas era la Ciudad de Campeche, que en 1686 emprendió la construcción de una gran muralla para protegerse.

Algunos barcos deben su fama a los hombres que transportaron. El bergantín inglés Spring trajo a Agustín de Iturbide, junto con su esposa y dos de sus hijos menores de Inglaterra, después de que sus amigos le habían pedido que regresara al país en medio de una difícil situación política. A bordo de este barco, el primer emperador de México, que retornaba del exilio, escribió su testamento. Al pisar tierra en Soto la Marina, Tamaulipas, Iturbide fue arrestado y casi inmediatamente fusilado.

Otra embarcación famosa por sus tripulantes fue aquella que llegó a México en mayo de 1864. La fragata Novara trajo a México a Maximiliano de Habsburgo y a Carlota Amalia e irónicamente tres años después llevó a Europa el cadáver del emperador después de su fusilamiento.

Los niños de mi generación aprendimos en la enseñanza primaria el nombre del buque alemán con el que Porfirio Díaz y su familia abandonaron el país el 31 de mayo de 1911: el Ypiranga. Se sabe, gracias a una carta del representante de la naviera, que el dictador recibió una cortesía para viajar sin costo alguno en el camarote del capitán, así como en el del segundo oficial.

El Ypiranga era utilizado por cierto como línea marítima entre Alemania y México. En 1914, transportó desde el puerto de Hamburgo hasta Veracruz un cargamento de armas y municiones destinadas a las tropas del presidente Victoriano Huerta. El buque confrontado por Estado Unidos no logró desembarcar su carga en el puerto mexicano. El evento pasó a la historia como el “Incidente del Ypiranga”.

Otra embarcación importante en la historia de México fue El Potrero del Llano. Un buque petrolero que fue torpedeado por un submarino alemán el 13 de mayo de 1942.

Este ataque condujo a México a abandonar su posición neutral y entrar en la Segunda Guerra Mundial. De los 35 marinos de tripulación fallecieron 14. En 1942, seis buques de bandera mexicana fueron hundidos por submarinos alemanes. Todos en la región del Golfo de México.

En el pasado, mexicanos procedentes de muchas regiones disfrutaron de los viajes en barco en el Lago de Chapala. Los pequeños barcos fueron también una importante forma de transporte. Cuando estudiaba en Guadalajara, Luis Barragán, el reconocido arquitecto, visitaba la hacienda de sus padres en Mazamitla viajando en un trecho por este medio.

¿No sería tiempo de que las autoridades volvieran a recuperar el vaso lacustre? Apoyemos y exijamos el saneamiento del Lago y tal vez un día podamos gozar algo semejante como lo que se disfruta en el Lago de Como, de Zürich o de Constanza.

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