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Martes , 19.06.2018 / 13:33 Hoy

Columna de Laura Ibarra

El impuesto verde, los viajes de Aris y los cuadros de Vachez

Laura Ibarra

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En un reino muy lejano vivía Juan Ganso. Juan era un campesino pobre con una carreta que estropeaba los lugares por los que pasaba. Sus caballos expedían un olor bastante desagradable que salía por su parte trasera y que ponían a todo mundo de malhumor.

Un día escuchó que la Princesa Verde deseaba aumentar los impuestos para componer los caminos, mejorar los campos y hacer más bonito el reino. Los dueños de las carretas debían pagar más, sobre todo la de Juan, que siempre apestaba horrible. Al oír sobre el aumento de impuestos, Juan Ganso, muy preocupado, fue a hablar con el rey.

-Toc- toc. Golpeó la gran puerta del palacio. El mayordomo del rey salió a abrir y le preguntó:

“¿Qué quieres Juan?”

“Quiero hablar con el rey Aris”

“El Rey Aris no está, Juan. Se fue a visitar un reino muy, muy lejano, cercano a un gran lago, donde también hay un gran palacio, llamado Casa-Jal.”

“¿Y qué fue hacer ahí?”

“Fue a inaugurar otro palacio, pero más pequeño”.

“¿Y para inaugurar un palacio, tuvo que ir tan lejos? preguntó Juan.

“Juan, ¡es el rey Aris! Y el palacio Casa-Jal ofrecerá coaching empresarial.”

“Coachi…¿qué?”

“¿Y quién le pagó el viaje al rey Aris?” preguntó Juan.

“Pues, los impuestos que pagas tú, Juan Ganso. ¿De dónde más? Adiós Juan. Vuelve en una semana, cuando el rey haya regresado.”

Una semana después, Juan Ganso fue de nuevo al palacio. Mientras esperaba que lo atendieran se dio cuenta de que colgaban unos cuadros nuevos en la sala de espera. Juan Ganso preguntó:

“¿Qué es eso?”

El mayordomo le dijo: “Juan, es una nueva pintura que acaba de adquirir la princesa Mairim. Como no había donde ponerla, la pusimos aquí.”

“Nunca había escuchado de la princesa Mairim.” dijo Juan.

“Es que es como la Bella durmiente: muy bella, pero se la pasa dormida.”

“Y ¿cuánto costó el cuadro?”

“Muchos miles de pesos, Juan. Pero te voy a decir un secreto: el cuadro costaba 200,000 pesos, pero la princesa pagó más de un millón. “

“¿Cómo ocurrió eso?” dijo asombrado Juan, sin entender tamaña lógica.

“Bueno, un día llegaron dos rufianes al reino y dijeron que ese cuadro era muy, muy valioso y que costaba mucho dinero. ¿Nunca has leído el cuento de los dos charlatanes y el rey desnudo?

“¿Y por qué ocurrió eso?” preguntó Juan.

“Nadie lo sabe, pero se rumora que una de las damas de la princesa, que compró el cuadro, era hermana del vendedor.”

“¿Y de dónde salió el dinero?” preguntó ingenuamente Juan.

“Pues de tus impuestos, Juan. ¿De dónde más?”

El pobre de Juan no durmió esa noche. ¿Cómo era posible que pretendiera la Princesa Verde aumentar los impuestos para embellecer los puentes y el dinero del reino se gastaba en viajes a reinos muy lejanos y en cuadros muy caros? ¿Qué haría con su carreta y su caballo apestoso si no podría pagar el nuevo impuesto? Juan pensó que algo andaba muy mal en el reino y decidió esperar a hablar de nuevo con el rey Aris. Algún día tendría que volver.

Cuento (¿?) de terror: La Hermandad

Eran tiempos lejanos y oscuros, peores que en los siete reinos de Games of Thrones. Mucha gente vivía en medio de las tinieblas y el fanatismo. Las peores herejías lograban imponerse y la violencia era la única ley. Las gentes andaban con harapos, vivían entre la miseria y la ignorancia.

En aquella sociedad triste, había un grupo que buscaba la verdad, la luz. Pero esto apenas era posible, pues pronto eran identificados y perseguidos.

La Hermandad se había adueñado de todo. Ella decidía sobre la vida y la muerte. Señalaba quiénes debían ser marcados, para que luego la gente se burlara de ellos. Si eran reconocidos como opositores, los trasquilaban y luego los hacía caminar descalzos por la plaza. De esa forma tan brutal se procedía, en el peor de los sitios del Canto de hielo y fuego.

No importaba si eran ancianos, si eran niños, si eran hombres o mujeres. La Hermandad sólo se movía por el odio y el fanatismo. Como no había justicia ni rey, cualquier persona podía ser su víctima.

La Hermandad se movía en la oscuridad, eso le permitía desaparecer en un sitio y volver a surgir en otro. Pero un día logró desarrollar esta habilidad no sólo más allá del espacio, sino también del tiempo. La Hermandad podía aparecer en otras épocas, en otros tiempos, en otras culturas. Desde entonces, los hombres temen su aparición. El Canto de hielo y fuego es ahora el Canto del aquí y el ahora. De la barbarie y de la oscuridad. Se rumora que La Hermandad ha llegado y ni Jon Snow, ni los guardianes del muro podrán salvarnos. Y esta vez no tendrán piedad. En el sur de este reino, han empezado sus satánicas acciones, las humillaciones a la gente conforme sus perversas reglas.

Un abrazo solidario a Miguel Ángel Puértolas en momentos difíciles.

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