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Lunes , 12.11.2018 / 18:41 Hoy

Columna de Laura Ibarra

Ese disparate llamado descentralización

Laura Ibarra

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El gobierno que entrará en funciones no se detiene en anunciar proyectos y programas, además de buenas intenciones. Bienvenidas son todas aquellas medidas que pretendan disminuir la corrupción y reducir los sueldos de funcionarios y políticos, así como el monto destinado a los partidos. Pero hay algunos planes que francamente resultan disparatados, contradictorios y hasta absurdos.

O ¿a Usted le queda claro el sentido que tiene enviar las oficinas del SAT a Mexicali, el Conacyt a La Paz, Baja California, o la SEDATU a Pachuca? (La ¿qué?) ¿Ya revisó las cantidades estratosféricas que costaría la mudanza y el acondicionamiento de las nuevas sedes de las oficinas federales? ¿Saben los autores de tal desatino los costos que esto tendría? Analicemos lo que esta política implica.

En primer lugar, lo que resulta absurdo es la contradicción entre el empeño claro de López Obrador de imponer un régimen de austeridad republicana y el gasto que significa repartir dependencias en las 31 entidades. ¿Usted se cambiaría de casa cuando lo que busca es ahorrar? Según cifras del propio Plan de Nación de López Obrador, la inversión estimada para los traslados y adecuaciones será de 21 mil millones de pesos, cada año. En seis años, serían más de 147 mil millones de pesos. ¿Eso significa ahorrar? Cálculos más realistas estiman que la cifra alcanzará los 300 mil millones. ¡Uff!

En segundo lugar, no existe un estudio técnico que permita identificar los beneficios de la descentralización que vamos a pagar todos. Hace falta una investigación que indique si las ciudades pensadas cuentan con suficiente oferta de educación, vivienda, servicios médicos, empleo y condiciones de seguridad.

Igualmente hace falta un estudio que señale los costos- beneficio de la medida. La semana pasada, Milenio publicó una lista de países que han repartido el poder gubernamental en diferentes ciudades. En ella se encuentran Suazilandia, Benín, Costa de Marfil y Palos. ¿Qué le dice esta lista? Pues que los gobiernos de países altamente industrializados prefieren concentrar las dependencias federales en una sola ciudad, lo que les permite aumentar su operatividad y eficacia. En la lista de Milenio el único país europeo descentralizado es Holanda, pero la distancia entre Ámsterdam y La Haya, las ciudades con dependencias federales, es de 65 kilómetros (50 min) mientras que la distancia entre Mexicali, la próxima sede del SAT, y la Ciudad de México es de 2 mil 600 cientos kilómetros. ¡Uff!

La centralización del gobierno federal en una ciudad, generalmente la capital, obedece entre otras razones, a las necesidades de coordinación entre las secretarías de estado. La eficiencia del gobierno depende en muchos casos de ellos. Así que ante un gobierno descentralizado como el que tendremos uno puede preguntarse ¿dónde serán las reuniones del gabinete? (propongo acondicionar una sala de espera en el aeropuerto de Santa Machita).

El desatino resulta más claro si se trata de entender cuál es su propósito. Es muy probable que, si un grupo de oficinas del servicio público se instala en una ciudad, a los pocos días aparezcan una serie de puestos de tacos, de comida rápida o incluso alguna farmacia en los alrededores, pero esto desde luego no detona la economía del lugar.
La descentralización de las secretarías en todo el territorio nacional no va a fortalecer las economías de los estados. Lo que realmente beneficia el desarrollo de un sitio es la inversión productiva. La idea de que con la llegada de las secretarías de Estado algunos campos de la producción se van a volver más productivas tiene mucho de pensamiento mágico.

O ¿Usted como tapatío ya entendió las razones por las que se destinará a Guadalajara la sede de la Secretaría de Ganadería? ¿Cree realmente que la llegada de funcionarios y burócratas procedentes de la Ciudad de México va a aumentar la producción de cerdo y huevos? No me imagino cómo un contingente de hombres con corbata pueda convencer a un puerco para que engorde más rápido o para que alguna gallina ponga más huevos. (Por fa, gallinita, uno rosado). Además, ¿qué pasará con los estados productores de leche del norte de México? (por el desaire seguramente las vacas norteñas se pondrán en huelga y habrá menos leche).

Finalmente hay que considerar la parte humana de la descentralización. De realizarse el proyecto, y todo indica que será así, cerca de un millón de personas tendrá que mudarse. Esta semana mi compañero en estas páginas relataba cómo se verá afectada su vida con esta medida. Él trabaja en la Secretaría de Economía, su esposa en la de Ganadería. Con la descentralización él habrá de afincarse en Monterrey y ella en Guadalajara. “Toda nuestra convivencia familiar se verá radical y drásticamente afectada -afirma Román- aquí compramos nuestra casa… aquí están los colegios de nuestros hijos… aquí contamos con mis suegros… ¿Les parece razonable que tangamos que deshacer nuestras vidas?”

Como diría Juan Gabriel, ¡Qué necesidad! ¿no habrá alguna forma más racional de gastar nuestro dinero?

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