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Lunes , 10.12.2018 / 12:51 Hoy

Columna de Laura Ibarra

El Mundial, Trump y el hombre al agua

Laura Ibarra

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Esta semana se dio a conocer que la sede del Mundial de futbol en 2026 serán los Estados unidos, México y Canadá. Esto tiene mucho de bueno, entre otras cosas pone de manifiesto algo que el grosero presidente del país vecino debería saber.

En este mundo globalizado, existe una especie de redistribución del poder mundial en base a regiones. Es decir, los nuevos actores en la política mundial, con excepción de China, son y serán grandes regiones, como la Unión Europea o la unión de países latinoamericanos.

Aunque alguna vez México fue una especie de líder de la comunidad latinoamericana, hoy su geografía y los intensos y profundos lazos comerciales, culturales y familiares con los Estados Unidos nos ubican en un conjunto regional con los angloparlantes. La historia reciente nos coloca en la región norteamericana, nos guste o no. Mire a su alrededor y se dará cuenta que la relación con los Estados Unidos es mucho más fuerte de lo que en un primer momento queremos admitir.

¿Cuántos de sus familiares y amigos viven o estudian en la Unión Americana? ¿cuántos no se pierden un partido de la Serie Mundial de Beisbol? ¿Cuántos siguen la tradición de comer guacamole y mirar el Super Bowl por televisión? ¿Cuántas películas estadounidenses disfruta al año? (a mí, las películas francesas me producen sueño).

Los lazos ahora son tan fuertes que hasta un buen grupo de talentosos mexicanos están haciendo excelentes películas en Hollywood. ¿No vio la premiación del Óscar? Parecía una auténtica fiesta mexicana.

De nuestros aeropuertos se vuela a Chicago, Los Ángeles, Nueva York, etc. todos los días y a todas horas. Y en las calles de las ciudades estadounidenses el español no deja de escucharse.

Cientos de mexicanos buscan tratamientos para sus enfermedades en el país vecino, miles estudian en sus universidades y muchos más también vamos de vacaciones a disfrutar sus museos.

Nadie, absolutamente nadie, puede negar que estamos creciendo juntos. Esto ni Donald Trump lo puede revertir, cuando mucho entorpecer.

El éxito de la película de Eugenio Derbez, Hombre al agua, independientemente que a Usted le guste su humor o no, reside en que, con bastante frescura, muestra una realidad frecuente y poco abordada en el cine: el amor que surge en una pareja en que cada uno de sus componentes es de una nacionalidad diferente.

Derbez logró mostrar con toda naturalidad el amor entre un mexicano bastante sangrón y una estadounidense llena de problemas. Lo bello de la película es que las barreras culturales y sociales aquí no impiden que se entiendan bien. Hasta el macho más macho cambió ante una pérdida de memoria y las condiciones familiares de la estadounidense. Lo que vino a mostrar que las familias no son tan distintas como nos gusta pensar. Claro que alguien podrá decir que era una comedia y que esto no ocurre así en la vida real.

Pero, ¿Usted no tiene amigos o amigas casadas con estadounidenses en el país vecino? Los matrimonios binacionales son frecuentes, hasta Jeb Busch, el hijo y hermano de dos presidentes de los Estados Unidos, está casado con una mexicana.

Se ve ridículo el presidente Trump amenazando un día sí y el otro también con que va a construir un muro entre las dos naciones. Sus amenazas de dar por muerto al TLCAN son como el marido que anuncia que las finanzas familiares ya no se llevaran de manera conjunta y que cada quién tendrá su propio refrigerador y que lo llenará como quiera.

Se ve ridículo por una razón: porque la tendencia actual, debido al bienestar que genera entre los ciudadanos, es la institucionalización de las relaciones supranacionales que contribuyen a fortalecer las relaciones internas entre los países que componen el bloque.

La designación de la sede del Mundial a los tres países norteamericanos viene a demostrar que los logros son muy positivos cuando se trabaja en colaboración. ¡Qué lástima que un ignorante ocupe la Casa Blanca!

El increíble gol de Cristiano Ronaldo y la lección que nos dejó

Si no vio el partido entre España y Portugal, permítame narrarle el último minuto. Portugal perdía 3-2 ante España. En realidad, el motor del juego y autor de los tres goles había sido Cristiano Ronaldo (¿quién más?). En esos momentos, el arbitro marcó tiro libre directo.

Es difícil describir la enorme tensión que se generó en el estadio alrededor de un solo hombre. Silencio total. La expectativa sin duda se convirtió en una presión muy difícil de soportar. Cualquiera hubiera aventado la toalla y lanzado el balón al cielito. Pero no Ronaldo.

El gol fue excelente, pero desde la perspectiva psicológica lo interesante fue lo que pasó por la mente de este extraordinario jugador. ¿En qué se concentró? Sin duda, primeramente abandonó el entorno expectante, luego repasó en su mente su estrategia y finalmente la ejecutó con una gran firmeza. El resultado fue un buen gol y la euforia de quienes apoyaban a Portugal. Una gran lección sobre el manejo de las situaciones de presión. El análisis de su rostro, antes del tiro a gol, bien merece un análisis en otro momento.

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