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Lunes , 25.06.2018 / 06:53 Hoy

Columna de Laura Ibarra

¿Cómo dejar de hacer el ridículo en las competencias futbolísticas internacionales?

Laura Ibarra

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Nadie creía en ellos. Los favoritos para alzar la copa eran las grandes selecciones de Europa: Alemania, Italia, Francia. Sin duda, su triunfo fue una gran sorpresa. Portugal logró sacar en el juego final ese anhelo todavía difícil de definir que algunos llaman “ansias de triunfo, “coraje” o simplemente “ganas de llevarse la victoria”. Para los espectadores, la sorpresa vino porque los lusos lo lograron sin su gran estrella: Cristiano Ronaldo.

Y ¿Por qué le cuento esto?

Porque unos días antes, en la Copa América, ocurrió una historia que fue exactamente lo contrario: la selección mexicana tuvo una de las peores derrotas de su historia, 7-0 contra Chile. El espectáculo que ofrecieron los mexicanos realmente fue vergonzoso. Faltos de condición, técnica y estrategia mostraron que no tenían ni idea de lo que estaban haciendo en la cancha. Ni futbol, ni ánimo.

La única contribución mexicana al futbol en ese torneo fue, una vez más, el grito de “…uto” al portero del equipo contrario. Lo irónico era que quien recibía los goles en ese memorable partido era el portero mexicano. Siete.

Portugal no mostró una técnica depurada, le apostó a una defensa cerrada y a la velocidad del contragolpe. Nada más. Lo demás, parecía, lo tendría que hacer Cristiano Ronaldo. Pero, en el juego final, ya sabemos lo que ocurrió: Ronaldo salió lesionado a los pocos minutos de juego. Parecía que el equipo se vendría abajo.

Y ¿qué ocurrió?

Todo lo contrario. Los jugadores portugueses se sintieron obligados a luchar en condiciones más adversas. Sacaron un “tiqui-taca” que no les habíamos visto y una gran condición en los tiempos extra. Vencieron a Francia en la casa misma del país anfitrión y lograron darle a la gente de Portugal una gran alegría.

En México, la historia fue muy diferente. El entrenador fue ratificado por la Federación Mexicana de Futbol. Sí, es cierto que en ocasiones debe asegurarse cierta continuidad. La selección alemana, tanto en lo que respecta a sus jugadores como a su entrenador Joachim Löw, es muestra de lo importante que es la permanencia. Pero, ¿siete goles en contra, el baile y la vergüenza?

Un resultado así, en cualquier parte del mundo, hubiera dejado al entrenador, ipso facto, sin trabajo. En Argentina, la derrota de la selección en la final, propició la inmediata renuncia del entrenador.

Pero, he de decir que lo más lamentable es que la derrota mexicana no sirvió para nada. Si fuéramos un país más civilizado, ahora la Federación Mexicana estaría convocando a los científicos del deporte, psicólogos, sociólogos etc., para analizar lo que ocurrido y proponer soluciones.

No es posible que vayamos de un tropezón a otro, de un descalabro a otro sin que nos detengamos a reflexionar y tomar medidas para que esto no nos esté sucediendo.

Hay tres aspectos que me parecen esenciales y deberían discutirse: el primero es estructural. ¿Realmente la organización de las ligas y torneos que tenemos es lo mejor? ¿Cómo es posible que un equipo resulte “campeón” en un torneo intrascendente y en otro se encuentre en último lugar?

2. El segundo aspecto son los equipos. Aunque este punto, daría para discutir largamente, hay un asunto que quiero mencionar: Mientras en otros países, cuatro o cinco equipos funcionan como locomotoras, ¿por qué en México, los equipos con grandes aficiones, recursos y posibilidades -como las Chivas y el América- no asumen esta función?

3. El tercer aspecto incluye a todos los protagonistas del futbol, sobre todo a entrenadores y jugadores. ¿Por qué no surgen grandes jugadores mexicanos, cuando todo niño en este país sueña en hacerlo? ¿Dónde está el entrenador mexicano con visión o propuestas novedosas, acordes al futbol moderno? ¿Por qué el futbolista mexicano no tiene una buena condición física? (en los entrenamientos parece que van de día de campo).

La novia que tendrá que esperar para siempre

Hace poco más de una semana murió Bantú, un gorila que habitaba en el Zoológico de Chapultepec y que había logrado convertirse en uno de sus habitantes más populares. Todo parece indicar que le suministraron una fuerte dosis de un sedante que resultó más fuerte de lo que su corazón podía aguantar. Paro cardio-respiratorio, dijeron los veterinarios. (Eso se dice cuando hay que decir que murió de algo).

Cuando ocurrió esto, se preparaba a Bantú para su traslado al Zoológico de Guadalajara, con el fin de lograr la reproducción de esta especie en peligro de extinción.

Dos bellas gorilas tapatías esperaban a tan singular macho. El único ejemplar masculino en el país. Ahora será más difícil conseguirles novio.

Curiosamente hace unos meses la revista alemana Der Spiegel publicó un estudio que demuestra que la población masculina en el género humano es cada vez menor. Cada día nacen proporcionalmente menos hombres. En 100,000 años los hombres se habrán extinguido. Poco a poco el destino de las gorilas tapatías será un destino común en sus parientes de la raza antropomórfica. Los novios se volverán escasos.

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