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Viernes , 22.06.2018 / 20:07 Hoy

Columna de Laura Ibarra

CFE, IMSS, Telmex, ¿De verdad nos merecemos esto?

Laura Ibarra

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Todos los días se transmite un programa de radio bajo la conducción de Víctor Gómez Rentería. Los radioescuchas llaman y exponen sus quejas sobre los servicios públicos. El conductor, con mucha paciencia y muy buen tacto, aconseja al radioescucha y solicita a la institución correspondiente que atienda la queja.

Todos los días los radioescuchas exponen quejas muy similares. “No me surtieron mi medicina en el IMSS, porque no la tenían”, “Las citas para los servicios médicos tardan más que la enfermedad en matar al paciente”, “No me atendieron”, “Me trataron muy mal”, “La oficina estaba cerrada, sin previo aviso”, etc. Lo mismo. Todos los días. ¿Por qué le digo esto?

Porque esto hace evidente lo malo que son los servicios en México y la necesidad de que esto cambie. Ya sé que Telmex es una empresa privada, pero para el caso da igual, el servicio es malo, muy malo. Lo que molesta especialmente es la abismal distancia entre aquello que las instituciones y las empresas presumen y lo que realmente brindan.

Veamos el caso de la CFE. Primero, es bastante irritante que, al reportar casos de fallas en la energía eléctrica, conteste una voz grabada que ofrezca, antes que nada, conocer el aviso de privacidad. ¿A quién le va a interesar en medio de la oscuridad conocer el servicio de privacidad de la CFE? ¡Absurdo! En segundo lugar, la promesa de que la falla se reparará en las próximas horas es una gran mentira. Conozco casos de empresas en que el servicio se ha reinstalado tres días después. ¿Sabe lo que esto significa para una pequeña o mediana compañía? Tener a los trabajadores sentados en una banca en espera todo el día de que vuelva la corriente eléctrica. Un buen amigo tuvo que arreglárselas para llevar corriente desde otro sitio para que su pequeña fábrica pudiera retomar sus labores.

Si este fuera un país decente, la compañía hubiera tenido que indemnizarlo. Cuando menos le hubiera hecho un descuento bastante considerable en su recibo.

Me pregunto, además, cómo una empresa que presume ser de “clase mundial” (¡Qué horror de lema!), puede instalar esos cables tan horrendos que afean toda nuestra ciudad. Hay calles en que los nudos de cables eléctricos se ven realmente espantosos. Aniquilan toda la belleza urbana.

El caso del IMSS es todavía peor. No entiendo al presidente anunciando con orgullo que ahora los estudiantes de las universidades públicas tendrán derecho a servicios de salud. Claro, ¡qué bueno que se les proporcione estos servicios! Pero, ¿Dónde está el programa que realizó la institución para aumentar su capacidad para atender pacientes? ¿Dónde están los nuevos hospitales? ¿Las nuevas clínicas para jóvenes? ¿Las nuevas contrataciones de personal médico especializado?

Si ya de por sí existe una saturación insostenible, ¿Qué caso tiene ampliar el número de derechohabientes si los médicos y los hospitales actualmente no se dan abasto?

Sí, seguramente hay personas muy agradecidas por los servicios que ofrece el IMSS (entre ellas, mi mamá), sobre todo en la atención médica de segundo nivel, pero, para nadie es un secreto que los servicios del IMSS desde hace tiempo dejan mucho que desear. Conseguir una cita para ver al médico es una hazaña, no importa que se trate de pacientes con daño renal o que han sufrido un infarto. Son conocidos los casos de las mujeres embarazadas que a punto de dar a luz son enviadas a sus casas con la indicación de volver más tarde, pues no hay capacidad para atenderlas si no es “urgente”. Muchas de ellas terminan dando a luz en los baños o en los jardines del mismo hospital.

El Hospital Ayala, la Clínica 45 de IMSS, está sucio, descuidado, saturado. El mismo Delegado Regional, Marcelo Castillero, reconoce las carencias, y señala que la única solución es derrumbarlo y construir otro. El Hospital proporciona servicios a 500, 000 derechohabientes. Los pacientes se quejan de baños y cuartos sin asear y de la falta de espacios. Las quejas no sólo se refieren a la tardanza en la atención y al estado lamentable de las instalaciones. El trato también es horrible ¿Sabe qué es estar enfermo y que además lo traten mal?

Respecto a Telmex, le puedo ejemplificar con mi propio caso. La penúltima vez que se suspendió la línea telefónica y el servicio de Internet en mi domicilio requirieron de 21 días para reinstalarla.

En otros países existen poderosas asociaciones de consumidores que protestan por los malos servicios de instituciones y compañías y realmente defienden a clientes y usuarios. ¿Por qué los mexicanos no nos organizamos y exigimos que la situación cambie? Ahora que las universidades crean laboratorios para la observación o estudio de muchos fenómenos sociales, ¿Por qué no crear uno que documente nuestros calvarios?

No es posible que nos contentemos con servicios médicos que le dan al enfermo una cita hasta en 30 o 40 días. No es posible que nos contentemos con una empresa monopólica que necesita días para restaurar el suministro del servicio eléctrico en la ciudad.

De verdad, hagamos algo.

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