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Jueves , 20.09.2018 / 08:40 Hoy

Columna de Laura Ibarra

Carta al Papa Francisco

Laura Ibarra

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Estimado Santo Padre:

Le escribo porque creo que su presencia en México puede contribuir a mejorar la situación de desaliento y enojo por la que atravesamos los mexicanos. A muchos les parecerá que esto es un atrevimiento y que Usted no vino precisamente a escuchar nuestras eternas quejas. Pero a ellos les recuerdo que en la primitiva comunidad cristiana, todos sus miembros se sentaban alrededor de una mesa. Así que Jesús también debió escucharlos.

Creo que sus palabras influyen en las acciones de muchos creyentes. Qué tanto modifican sus conductas, es difícil saber. De cualquier manera, paso a pedirle cinco cosas:

1. Insista en el deber cristiano de proteger la creación. En los últimos años en este país, el deterioro ambiental se ha acelerado. Los ríos y los lagos están terriblemente contaminados. Una gran cantidad de ciudades amanece cubierta todos los días por una capa de aire sucio. La diversidad biológica se reduce drásticamente. Seres que se desarrollaron durante miles de años, adaptándose a su hábitat, se extinguen sin que se pueda hacer algo. Si Usted escogió el nombre de Francisco para recuperar las enseñanzas de este santo, seguramente tiene presente que San Francisco llamaba a los animales "hermano lobo", "hermana rana", con lo que demostraba su gran amor por la naturaleza. En ella veía la inteligencia y el poder divino. En México, es urgente proteger el mundo natural - llámese creación, naturaleza o ecología- sobre todo ante la avaricia de las compañías constructoras e inmobiliarias, dispuestas a destruir cualquier ecosistema, con tal de aumentar sus ganancias.

2. Insista en proteger el patrimonio eclesiástico que comprende gran parte del tesoro artístico de México. Los sacerdotes de templos y parroquias, muchas veces ignorantes del valor de lo que resguardan, transforman, renuevan o venden, lo que no pueden apreciar. De modo que una parte de la riqueza histórica del país está terminando en manos privadas, en las de anticuarios o de plano en el carretón de la basura.

3. Insista en la obligación que tenemos las madres de educar a los hijos para lograr una mejor sociedad. Quienes han optado por el camino del mal, involucrándose en negocios sucios, generalmente escuchan a sus madres. Ellas son elementos importantes en sus vidas. Más de alguno puede desistir de cometer asesinatos o secuestros bajo la presión de los ruegos maternos. Ya sé que para algunos esto suena espantosamente cursi e ingenuo, pero la realidad es así.

4. Insista en que debemos construir una sociedad más igualitaria y fortalecer la solidaridad social. En este país hay más de 50 millones de mexicanos que viven en pobreza, doce de ellos en pobreza extrema, es decir, apenas les alcanza para comer. Por otro lado, pocas familias concentran la riqueza del país. Aunque en México existe una gran cantidad de asociaciones que dedican su tiempo y sus recursos a sostener orfanatos, asilos, colegios para niños pobres, etc. esto no es suficiente. La mayoría de los mexicanos no se compromete con causas sociales. Especialmente débil ha sido la voluntad política para combatir decididamente la pobreza. La enseñanza de Jesús de compartir la capa propia con el pobre debe traducirse en un esfuerzo público y privado por erradicar el hambre y la miseria.

5. Insista en el compromiso de la Iglesia con los derechos humanos y la justicia. En los últimos días, se ha vuelto evidente que las autoridades eclesiásticas proceden de una manera con el pobre y de otra con el rico. Cuando están presentes intereses económicos y políticos en las anulaciones matrimoniales, éstas avanzan con rapidez. Al pobre le queda conformarse con un proceso largo y de final imprevisible.

Ya sé que no vino a solucionar los problemas del país y que su misión en México es la que es propia de un pastor, pero también es claro que su viaje busca tener una repercusión importante en la comunidad católica y que su voz es escuchada por millones de creyentes.

Le agradezco los aires de renovación que ha traído a una institución milenaria -la Iglesia católica- que, a mi modo de ver, se había vuelto insensible a los cambios modernos. Sé que todavía hay grandes resistencias dentro de las autoridades eclesiásticas para adoptar una actitud más flexible respecto a los homosexuales, a las mujeres que han abortado, a los divorciados etc. pero, sus acertados y finos comentarios promueven una sociedad más incluyente. En cierta forma sorprende su valor por abrir la puerta -aunque sea un poco- a la discusión de temas que hasta hace poco eran tabú.

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