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Martes , 19.06.2018 / 15:31 Hoy

Columna de Laura Ibarra

Carta a las autoridades responsables de la vialidad

Laura Ibarra

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En realidad no sé a quién dirigirme. Hace unos días, se informaba que con la llegada de la nueva Administración municipal la ciudad por fin podrá decidir su propia política de vialidad. Hasta ahora esto era competencia de las autoridades estatales. A mí siempre me ha parecido una insensatez que la ciudad no pueda determinar sus propias políticas de transporte. Pero aún no está claro cuál será la línea que separe las tareas de la Secretaría de Movilidad y la futura institución en la Administración de Alfaro. Así que mi carta apela “A quien corresponda”.

Estimados Señores: Como ya lo ha informado el alcalde electo Enrique Alfaro, sus esfuerzos en la materia se encaminarán a privilegiar el uso del transporte colectivo sobre el uso del automóvil. Y qué bueno que sea así. Es absurdo insistir en favorecer el uso del coche. Si el 70 por ciento de los ciudadanos en la zona metropolitana se transporta en camión, ¿para qué seguir invirtiendo en infraestructura que beneficia al auto? Imagínense si este porcentaje adquiriera automóvil, el caos urbano que se generaría. Si ya de por sí la movilidad está en serios problemas con los 400 vehículos que diariamente se incorporan al tránsito urbano.

Pero, estimados señores, para desalentar el uso del automóvil, hay que ofrecer beneficios importantes. Para que pueda prescindir de mi coche, deben introducir cambios esenciales. Por ello, quiero hacerles llegar una lista de sugerencias.

1. En primer lugar, creo que es necesario colocar en las paradas de camiones información clara sobre las líneas que pasan por ella. (Algo así como los planes del metro). Necesito saber con precisión las rutas que me llevarán a mis destinos. Así que coloquen la información sobre las rutas desde su inicio hasta su fin. No quiero andar molestando al conductor con mis dudas, ya no vivimos en un pueblo.

2. Deben colocar en un lugar visible los horarios en que el camión llegará a la parada. Los fines de semana me interesa saber sobre todo a qué hora pasará el último camión, para estar segura que podré regresar en camión a mi casa. Ya basta de vivir con la idea de que no es posible someter a los conductores a seguir una ruta en un tiempo determinado. Si un avión despega cuando tiene que despegar y aterriza cuando debe aterrizar, no veo por qué un camión no pueda cumplir más o menos en un tiempo determinado un recorrido. (Para mostrar que no hay imposibles, recuerden que ya la bandera de los Estados Unidos ondea en la misma Cuba, y eso en tiempos de los hermanos Castro).

Además, dicho con franqueza, si quieren que deje mi coche en la cochera, necesito saber a qué hora pasará el camión, estar segura que será así y a qué hora llegaré a mi trabajo.

Es evidente que para que esto sea posible debe terminar definitivamente la absurda y letal competencia de los camiones por el pasaje en las calles. No es posible que estas nuevas bestias verdes conviertan nuestras avenidas en un campo de carreras, en el que luchan por las ganancias. El transporte es un servicio, no un ramo de negocios para intereses particulares. Así que espero que por fin logren imponer las reglas civilizadas del transporte urbano. Ya es tiempo.

3. Es necesario que las paradas de los camiones sean obligatorias. Los conductores no pueden privilegiar el alcanzar un siga a dejar al usuario con el brazo extendido. Su obligación es detenerse en la parada. Haya o no haya pasaje. Punto. Dejar al usuario con el brazo extendido es una majadería que debe pasar a la historia. ¿Qué acaso no han visto el rostro del usuario con su brazo levantado, ante un camión que acelera y lo deja bastante frustrado? También ya es tiempo que el peatón recupere su dignidad. De menos eso.

4. Hay que garantizar que los choferes de los camiones se dediquen a hacer su trabajo: conducir el camión y nada más. Es un error fatal que cobren, den el vuelto y además informen al usuario. Es necesario equipar a los camiones de algún instrumento en que el usuario pueda depositar su boleto (como en el metro) o mostrar su credencial a algún equipo electrónico (como en los estacionamientos).

En otros países, los ciudadanos compran en las máquinas automáticas sus boletos, por pasaje o mensuales, (incluso con tarjeta de crédito) y no requieren mostrarlos en ningún momento. Esto se debe a la confianza que la ciudad tiene en sus ciudadanos. En algunas ciudades, ocasionalmente hay controles. ¡Y pobre del pasajero que sea atrapado sin un boleto válido, pues tendrá que pagar una enorme multa!

5. No estoy muy segura si los programas de transporte en bicicleta realmente están teniendo el éxito que se esperaba. A mí me parece que han fracasado, pero no tengo a la mano estadísticas para apoyar mi opinión. Pero eso de estacionar el auto a media calle, para dejar paso a los ciclistas (como en Avenida La Paz), creo que sólo produce más embotellamientos. Es cierto que la bicicleta es un extraordinario medio de transporte, pero no en todas partes ni a cualquier costo resulta benéfica.

Finalmente, quiero decirles que es indispensable mejorar la cultura vial de los ciudadanos. No es posible que los conductores detengan el auto sobre las líneas cebra ni que los peatones atraviesen la calle por donde se les antoje. En otros países estas conductas son causa de fuertes multas. Les agradezco su amable atención.

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