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Columna de Julio Valera

Poder económico Vs. Poder político

Julio Valera

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Uno de los grandes retos que vivimos hoy en día es impulsar el crecimiento y el desarrollo de las estructuras sociales y económicas en el ámbito local. La inversión es uno de los principales factores que impulsan el desarrollo económico y social de una región. Invertir no es inyectar dinero de manera aislada, es detonar un desarrollo que se multiplica y que genera un impacto positivo en todos los participantes directos e indirectos de la cadena productiva. Es por ello que existe una gran competencia entre las entidades federativas por atraer inversión a nivel local.

La inversión no tiene color ni partido político, sólo busca certeza para cumplir con las expectativas de rentabilidad económica de quien lo posee. Por ello para atraerla se necesita confianza, certeza y continuidad bajo tres condiciones: políticas públicas eficaces, plena gobernabilidad y un sólido estado de derecho.

Hoy en Hidalgo se han generado estas condiciones, nuestro estado está atravesando por uno de sus mejores momentos y se ha convertido en un destino atractivo para los inversionistas. Lo anterior se debe a la interacción de tres elementos que se supieron aprovechar de la mejor manera: el establecimiento de políticas públicas eficaces, las ventajas logísticas que ofrece nuestra localización geográfica y el capital humano existente en el estado.

Así las cosas, el estado cuenta con un ambiente económico dinámico e innovador y se está posicionando como un polo de desarrollo en la región centro y como uno de los estados con mayor potencial de crecimiento en el país. La tarea no ha sido fácil y aún tenemos mucho por hacer, pero las señales que ha mandado el estado han sido claras y en la actualidad competimos con otras entidades que han sido históricos polos de atracción de inversión; entidades que poseen ventajas competitivas a las que no ha sido fácil poder superar. Obvio decir que las entidades que por décadas han tenido como base de sus gestiones la atracción de capitales y se han constituido como entidades con una profunda vocación industrial y con infraestructura que por años se ha visto fortalecida, se convierten en los destinatarios preferidos del capital. Sin embargo, la efectividad de las nuevas leyes estatales en combinación con políticas públicas eficaces para fomentar el crecimiento económico y la capacidad de la administración para atraer inversión, han sido claves en el fortalecimiento económico del estado.

Para confirmar el momento que se vive en Hidalgo vale la pena arrojar algunas cifras: En los primeros dos años de la actual administración, nuestro estado recibió más de 33 mil millones de pesos en inversiones, monto que representa más de cinco veces lo captado en el mismo periodo de la administración anterior, donde se generaron 6 mil millones de pesos. La inversión de las 13 nuevas empresas ha generado más de 42 mil empleos que se traducen en mejores condiciones de bienestar y calidad de vida para las familias hidalguenses. La Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que publica el INEGI nos coloca entre las entidades con menor tasa de desempleo en el país con 2.4% muy por debajo del promedio nacional. Con la llegada de las inversiones Hidalgo se posicionó entre las cuatro entidades con mayor dinamismo en su actividad económica, nuestro estado creció más que el promedio nacional. Bajo esta óptica, no podemos bajo ninguna circunstancia regatear los logros que en materia de inversiones ha alcanzado la actual administración, ni permitir que alguien lo haga y ponga en riesgo lo alcanzado.

El monto de inversión extranjera directa que ha recibido el estado es casi igual a los montos de inversión de Colima, Yucatán y Nayarit juntos. Estos niveles de inversión alcanzados en los dos últimos años no tienen precedente en la historia del estado, y son consecuencia de una visión política integral de mediano y largo plazo, que hoy da sus primeros resultados.

Hoy más que nunca estamos siendo testigos, de que decisiones en materia económica que desalienten la inversión por causas políticas, traen inexorables consecuencias para el desarrollo de una nación o una entidad. No podemos decidir entre poder económico o poder político, sino encontrar las fórmulas adecuadas que en un ejercicio de ganar-ganar, permitan conciliar desarrollo económico, desarrollo social y por tanto mayor bienestar para las familias hidalguenses. Ningún poder sobre otro, ambos en sinergia para lo que más importa: el desarrollo de Hidalgo.

Por tanto, la sociedad entera en un esquema de gobernanza, donde las decisiones de un estado no solo se encuentran en el poder público, debe alzar la voz para defender lo bien logrado y no permitir que poderes fácticos con el ánimo de una intención política puedan ahuyentar las inversiones que mucho necesita Hidalgo. La actual discusión en torno a la Planta Modelo es un ejemplo de ello.

Es importante aprovechar el impulso generado y mantener el rumbo. Debemos trabajar para que nuestro marco jurídico promueva la atracción de inversión responsable que aumente el nivel de calidad de vida y el bienestar de las y los hidalguenses. Hemos construido un elemento clave para nuestro fortalecimiento económico: la confianza de los inversionistas. Y no lo debemos perder.

twitter: @jmvalerapiedras

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