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Apuntes financieros

Expropiación bancaria: tan lejana y ten relevante

Julio Serrano Espinosa

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Hace 35 años José López Portillo estaba pensando cómo salirse de la crisis que vivía el país. El peso se estaba desplomando y las reservas del Banco de México agotando. El gobierno no tenía cómo pagar la enorme deuda externa. Los inversionistas habían perdido confianza en el Presidente.

Pocos colaboradores lo sabían, pero en su desesperación López Portillo había decidido expropiar la banca en su último Informe de gobierno, el 1 de septiembre de 1982. La decisión del Presidente representa uno de los eventos económicos más relevantes del México moderno —un parteaguas— con repercusiones que aún se pueden sentir al día de hoy. ¿Puede repetirse un abuso tan flagrante de autoridad en la actualidad?

Al expropiar la banca, López Portillo quebrantó el estado de derecho y no tuvo contrapesos para detenerlo. Tanto el poder legislativo como judicial estaban a sus disposición. Su decisión fue precipitada al grado que tuvo que cambiar la Constitución a posteriori para respaldarla. Miguel de la Madrid, el Presidente entrante, no tenía conocimiento de lo que iba a hacer López Portillo y posteriormente expresaría su desacuerdo.

La banca en manos del Estado fue un fracaso. Banqueros con experiencia y éxito probado fueron desplazados para darles paso a burócratas con poco o nulo conocimiento de cómo manejar una institución financiera. En muchas ocasiones las decisiones de crédito respondieron más a criterios políticos que económicos. Una generación de banqueros mexicanos se perdió a raíz de la expropiación.

Cuando se privatizó la banca casi una década después, varios de los compradores tenían poca experiencia bancaria, lo que provocó que en muchos casos se sobre-pagara y que operaran de manera deficiente. La crisis de 1994 empujó a la gran mayoría de los bancos recién privatizados a la quiebra y solo sobrevivieron gracias a que el gobierno los rescató. La debilidad de la banca mexicana abrió la puerta para que instituciones financieras extranjeras entraran al mercado mediante adquisiciones. Hoy la mayoría del sistema bancario nacional está en manos de extranjeros.

¿Podría suceder algo similar en la actualidad? Es cierto que vivimos en un México muy distinto al de 1982. El manejo de la macroeconomía es más prudente que en aquel entonces. La división de poderes más real. Existen mayores contrapesos. La libertad de expresión es mucho mayor. La sociedad civil es más activa.

Sin embargo, nuestras autoridades continúan cometiendo actos arbitrarios, sin fundamento. El fantasma del autoritarismo sigue presente; más nos vale no descartarlo.

juliose28@hotmail.com

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