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Apuntes financieros

En contra y a favor de la desigualdad

Julio Serrano Espinosa

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Reprobar la desigualdad es una postura casi universal. Todos los candidatos a la Presidencia coinciden en ese sentido. ¿Cómo se puede estar a favor? ¿Quién puede oponerse a la igualdad?

La clave está en cómo se concibe el concepto de igualdad. No es lo mismo igualdad de resultados que de oportunidades. Si se trata de oportunidades, estoy contra la desigualdad. Si se trata de resultados, estoy a favor. Es más, me atrevería a decir que la desigualdad de resultados es una cuestión de justicia. Es justo que una persona que utiliza su talento y su esfuerzo para salir adelante obtenga distintos resultados que una que opta por no trabajar. ¿Imagínese, lector, si el mérito se dejara de premiar y la desidia de castigar? Los incentivos para progresar y crear riqueza serían mínimos. Personas con potencial dejarían de esforzarse. El país en su conjunto sufriría.

La clave de una sana desigualdad de resultados es que partamos de un piso relativamente parejo. Si desde niños tenemos acceso a oportunidades similares, sin importar si nacemos en un hogar rico o pobre, entonces las diferencias que se generen se determinarán más por el mérito y, por lo tanto, estarán más justificadas. El problema es cuando una persona —a pesar de su capacidad y deseo de salir adelante— no puede progresar porque no cuenta con las oportunidades necesarias.

Como sabemos, México es un país con una enorme desigualdad en la distribución de la riqueza. La pregunta relevante entonces es si es producto del mérito o si existen obstáculos exógenos que impiden el progreso de ciertos mexicanos; en otras palabras, si el acceso a las oportunidades es limitado. Estoy seguro de que todos intuimos la respuesta, pero para tener un fundamento formal hace falta recurrir a la movilidad social.

La movilidad social nos da una muy buena idea de qué tan accesibles son las oportunidades para los distintos segmentos socioeconómicos. El talento se distribuye de manera equitativa, sin importar la condición de origen, por lo que si la movilidad social es baja, lo más probable es que sea producto de una mala distribución de las oportunidades.

En México, la movilidad social del segmento más pobre es muy reducida. La probabilidad de que un niño pobre logre salir de su condición de pobreza de grande es escasa y la probabilidad de que pertenezca al segmento más rico es mínima. Está claro en estos casos que el mérito no es el factor determinante del éxito. El problema es que las oportunidades —nutrición, salud, educación de calidad, entre otras— no están llegando a toda la población por igual.

Las políticas que implemente el próximo Presidente para atacar la desigualdad serán cruciales. Espero que sus esfuerzos se enfoquen más a ampliar las oportunidades que en igualar los resultados.

juliose28@hotmail.com

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