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Domingo , 21.10.2018 / 02:04 Hoy

Apuntes financieros

El improbable éxito de Dollar Shave Club

Julio Serrano Espinosa

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Esta es una historia de éxito emprendedor, de arrojo, de innovación, de David contra Goliat. Lo único malo es que no pasó en México.

Dollar Shave Club nació en 2011 en California, Estados Unidos. Michael Dubin, su fundador, decidió meterse a competir en un mercado que prácticamente nadie había osado entrar: el de las rasuradoras masculinas. Dominado por décadas por Gillette y Schick, dos gigantes, el negocio de las rasuradoras masculinas parecía estar fuera del alcance de un nuevo competidor y mucho menos de una empresa emprendedora.

Querer entrar a ese mercado puede equipararse a querer entrar al negocio refresquero para competir con Coca-Cola y Pepsi. Sin embargo, esto es precisamente lo que hizo Dubin hace cuatro años. En retrospectiva, su idea parece obvia. Dubin se dio cuenta que mucha gente estaba harta de pagar los altos precios de Gillette y Schick por un producto que, en principio, no debería ser tan caro. Una vez identificada la oportunidad de negocios —y de tener el valor para actuar—, Dubin encontró una manera novedosa de vender un viejo producto: mediante una suscripción.

A cambio de una modesta cuota mensual (tres dólares, incluida la entrega a domicilio, en su oferta más barata), miembros del Dollar Shave Club reciben en sus casas un rastrillo y los cartuchos necesarios para afeitarse durante todo el mes. La combinación de precio y la conveniencia de no tener que ir a la tienda resultó muy atractiva para los clientes desde un inicio. Pero lo que disparó a la empresa a la fama fue un video que puso Dubin en YouTube en marzo de 2012 para promover su negocio. El video se volvió viral y a la fecha ha sido visto por 23 millones de personas.

A raíz del video, sus ventas pasaron de

4 millones de dólares en 2012 a más de 150 millones de dólares en 2015. En el camino ha acumulado a más de 3 millones de clientes que pagan una cuota mensual y le ha quitado valiosa participación de mercado a Gillette y a Schick. La mejor prueba del éxito de Dollar Shave Club es que el mes pasado, Unilever, el gigante de productos de consumo, pagó mil millones de dólares por la compañía para así competir mejor contra Procter & Gamble, propietario de Gillette.

La historia de Dollar Shave Club es más admirable porque no requirió de mucho capital. La empresa opera con pocos empleados. La manufactura se subcontrata. Sus anuncios se basan en las redes sociales, lo que los hace muy baratos. Bastó con una gran idea y el empuje para llevarla a cabo. ¿Por qué no hay más historias como ésta en nuestro país?

juliose28@hotmail.com

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