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Martes , 21.08.2018 / 23:34 Hoy

Apuntes financieros

El ejemplo del rey

Julio Serrano

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Estoy lejos de ser monárquico, pero no me queda más que reconocer la decisión del rey Felipe VI de España al despojar a su hermana Cristina de su título nobiliario. Nuestros gobernantes deberían tomar nota.

La semana pasada, Felipe obligó a su hermana a renunciar a su título de duquesa de Palma de Mallorca, así como a sus derechos dinásticos. Las razones fueron los presuntos actos de corrupción de su cuñado, Iñaki Urdangarin, esposo de Cristina, y el presunto involucramiento de su hermana. A Urdangarin se le acusa de malversar fondos de una empresa que creó sin fines de lucro, el Instituto Nóos, para beneficio personal. A Cristina, de fraude fiscal derivado de colaborar con su esposo.

La decisión ha de haber sido sumamente difícil para el rey. Al parecer, Felipe siempre ha sido cercano a su hermana Cristina y en algún momento también lo fue de su cuñado. De hecho, se dice que fue Urdangarin quien le compró el anillo de compromiso de su esposa, la reina Letizia. Aun así, Felipe decidió actuar y lo hizo con firmeza. Decidió ser rey por encima de hermano.

¿Cuándo sucederá algo así en nuestro país? ¿Cuándo actuarán nuestros gobernantes por el bien del país sobre el bien personal o de sus compadres?

La corrupción en España es un juego de niños comparada con la mexicana. El tamaño del supuesto fraude de Urdagarin —menos de 10 millones de dólares— les causaría risa a muchos de nuestros corruptos. Según el Imco y el CIDE, la corrupción en México nos cuesta hasta 10 por ciento del PIB. Estamos hablando de decenas de miles de millones de dólares que se pierden cada año.

Para muchos, el nivel de corrupción que vive el país es de los más altos de su historia. Es verdad, esfuerzos como el recién aprobado Sistema Nacional Anticorrupción pueden ayudar. Pero sus beneficios podrían tardar muchos años en materializarse. Para que la lucha contra la corrupción tenga un efecto en el corto plazo hace falta voluntad política y, sobre todo, castigos ejemplares.

En España la conducta de Felipe VI ya está dando frutos. La monarquía estaba muy desprestigiada antes de su llegada. Buena parte de la baja popularidad era producto de sospechas de corrupción, incluido, por supuesto, el caso del esposo de la infanta Cristina. Con apenas un año en el trono, Felipe ha recuperado la simpatía de la mayoría de los españoles: tres de cada cuatro lo consideran un buen rey. No cabe duda que acciones dolorosas, como la de castigar a su hermana, han sido fundamentales en este resurgimiento popular. Ojalá nuestros gobernantes siguieran su ejemplo.

juliose28@hotmail.com

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