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Sábado , 20.10.2018 / 23:59 Hoy

Apuntes financieros

Ahora nos toca sufrir los aranceles al acero

Julio Serrano Espinosa

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Cómo cambian las posiciones. La industria siderúrgica nacional pasó de ser un vocal porrista de imponer aranceles al acero cuando México gravó las importaciones de China y de otros países en 2015 a condenarlos y calificarlos de proteccionistas ahora que Estados Unidos está por subirlos a nuestras exportaciones.

Reconozco que las circunstancias son distintas. México exentó del impuesto a países con los que tiene tratados de libre comercio y se concentró en aquellos que aparentemente estaban vendiendo debajo del costo. La medida de EU parece extenderse a todos los países que le venden acero, sean aliados económicos o no; estén vendiendo debajo del costo o no.

Sin embargo, es inevitable encontrar un elemento común en casi todas las decisiones de imponer aranceles, ya sea al acero o a cualquier otro producto: rara vez funcionan.

El resultado suele producir mucho menos ganadores que perdedores.

El criterio rector de los gobiernos en gran parte de los casos es político, aun cuando se utilice el económico para justificarse ante la opinión pública. Son las industrias mejor conectadas (y en ocasiones menos competitivas), las que acostumbran presionar a los gobiernos a incrementar aranceles para su beneficio particular y no el de la economía en su conjunto.

Establecer competencia desleal es complicado. Aplicar el concepto de "piso parejo" es imposible. Cada país tiene sus propias características competitivas. Unos gozan de electricidad barata. Otros de monedas subvaluadas. Otros más de infraestructura moderna. ¿Podrían calificarse estas características como competencia desleal? ¿Y qué hay de posición geográfica? La raya entre competencia desleal y ventajas competitivas es muy tenue.

La decisión del gobierno estadunidense de imponer tarifas al acero (y al aluminio) importado hace poco sentido económico. Sí, la medida beneficiará a la industria siderúrgica local y a los 140 mil trabajadores que emplea al permitirle incrementar el precio de sus productos. Pero industrias que consumen acero, como la de la construcción y la automotriz, se verán afectadas por los mayores costos y éstas emplean a más de 2 millones de trabajadores. El consumidor final también se verá afectado por los mayores precios.

El componente político en la decisión de Estados Unidos es claro y más respecto a nuestro país. El propio Trump dijo que utilizaría los aranceles para obtener una mejor renegociación del TLC. A las acereras mexicanas les tocó estar del lado perdedor en esta ocasión. Lo ideal es que los aranceles sean la excepción y no la regla, incluido México.

juliose28@hotmail.com

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