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Malos modos

Zaid y la caballada flaca

Julio Patán

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Pues sí: es llamativo el grado de violencia verbal que se despierta, sobre todo en Twitter, cada vez que alguien discute alguna de las ideas de AMLO, no digamos la conveniencia de que gane la elección. Y es paradójico. A poco más de un mes de que el tabasqueño se convierta en presidente electo, esa violencia se intensifica. Dirías que sus seguidores deberían relajarse y disfrutar del adrenalinazo de la victoria, de esa sensación de tener la verdad y la razón, antes de que la victoria se convierta en gobierno, o sea en problemas que no se resuelven, y tengan que empezar a revisar sus certezas. Nada de eso. La historia se repite onda Día de la Marmota: crítica contra AMLO y oleada de vituperios que van del sarcasmo al “chayotero” o “vendepatrias”, hasta que otro imprudente publica lo que no debería y jala la atención del personal. Así, una y otra vez. Da la sensación de que no cala un solo argumento, sin importar lo razonado o respetuoso que pueda ser. De que cuanto digas choca con el muro de la certeza. Pero no es exactamente así. Hay una señal de que un argumento sí caló, sí amenazó con cuartear o al menos escarapelar ese muro, y es que empieza a multiplicarse la letanía de “Qué desilusión. Pensé que era distinto”. Le pasó a Jesús Silva-Herzog, le pasó a Enrique Krauze y, en días recientes, a Gabriel Zaid, que publicó en Reforma un artículo en el que, tras diseccionar a los candidatos con esas maneras minimalistas e irónicas tan suyas, dice con todas sus letras que puesto que “la caballada viene flaca”, votará por el segundo en las encuestas, “aunque sea Anaya”.

Zaid desarrolla cerebralmente una certeza que comparten muchos: que ningún candidato te convence, que tendrás que optar por el menos chafa, y que el menos chafa es el que no sea AMLO. Porque no, no compras la teoría de que el Apocalipsis ya está aquí pero también el que nos va a salvar, y sí, crees que con López Obrador el gris oscuro puede hacerse negro. Lo que pasa es que las cosas, cuando las dice Zaid, tienen otro peso. Tiene peso el artículo en sí, que es inapelable entre otras cosas porque le da con todo a Anaya. Y tiene peso, siempre, el nombre de Zaid, poeta y pensador versátil, rico, que lo mismo dinamita el disparate económico del echeverrismo que cuestiona la noción de progreso o colecciona palabras pero no libros, y que es efectivamente uno de los ensayistas más heterodoxos, libres e informados de este país. Se esperarían argumentos contra él más elaborados que “es racista” o “lo mandó el grupo de Krauze”. Pues no. Parece que hay varias caballadas flacas.

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