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Viernes , 20.07.2018 / 15:28 Hoy

Malos modos

Vivir de la televisión cultural

Julio Patán

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La vida es rara. Pertenezco a la clase de los que nunca pensaron dedicarse a la televisión, cultural o de cualquier otro tipo. Llegué a ese medio un tanto azarosamente, cuando, luego de una junta dedicada a cualquier otra cosa, Jorge Volpi, director de Canal 22, me propuso conducir un programa de libros, Entrelíneas. Hasta entonces, dedicaba mis empeños a editar revistas y publicar artículos o crónicas. Once años después, me toca la feliz tarea de conducir el noticiero Hora 21 y me despido de un programa, Final de Partida, que francamente fue una rara avis. Y es que no soy un experto en la historia de la TV, pero no es habitual que una televisora privada conciba y ejecute un programa de cultura diario, de lunes a viernes, durante casi siete años. Eso fue lo que Nicolás Alvarado y yo vivimos en Foro Tv durante todo ese tiempo: una afortunada rareza. Dirán misa, pero fue generoso y valiente permitirnos semejante apuesta. Mi gratitud es enorme.

Disculparán que use las páginas de MILENIO para estos menesteres, pero creo que la reflexión vale la pena entre otras cosas porque incluye a esta empresa, que puede presumir también de apuestas generosas, valientes y exitosas. No conozco las cifras, que evito siempre por aquello de la salud mental, pero diré sin presuntuosidad que Final de Partida funcionó: encontró espectadores dispuestos a discutirte o felicitarte en las redes sociales, lectores y músicos y pintores y chefs y teatreros y cineastas que nos abordaron para proponernos programas que efectivamente hicimos, y colegas que hablaron de nosotros casi siempre con generosidad, a veces con una pintoresca mezquindad. No creo que tuviéramos, de entrada, planes muy precisos. Creíamos, sin mucho entramado teórico, que era posible encontrar un público bien dispuesto con las herramientas mínimas de hablar de cultura con cierto desenfado y genuino interés, la de extender el concepto de cultura hasta lugares que no siempre encontraban acomodo en los canales públicos–el alcohol, la gastronomía, la moda, el diseño gráfico–, pero sobre todo la de darle un espacio a los creadores y gestores culturales, que en efecto llegaron por decenas al programa.

También creo que tuvimos suerte: la televisión, los medios en general, cambiaban ya, como cambian ahora, a velocidad de crucero. La cosa está movidita. Hay zozobras, angustias, incertidumbres, sí, pero –disculparán el optimismo– creo que, sobre todo, el panorama es atractivo, está abierto a experimentaciones.

Sí, se puede vivir de la televisión cultural. La vida es rara, ya les digo.

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