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Viernes , 22.06.2018 / 20:07 Hoy

Malos modos

Tontos útiles

Julio Patán

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Un actor se me acercó en una fiesta del Festival de Morelia y me espetó un cariñoso “Te odio”. El motivo: una tensa conversación previa. “Tenías razón. A Andrés no le interesa escucharte. Le interesa que le aplaudas”. Estaba harto de dar ideas, hacer sugerencias, levantar la mano en las reuniones y que le dieran el avión. Fue entonces que recordé lo de Lenin. Con igual cariño, le dije que calificaba de “tonto útil”.

Los tiranos, dictadores, autócratas y candidatos a serlo; los hombres fuertes, los tocados por la providencia, pues, cuentan siempre con intelectuales o, más ampliamente, figuras públicas dispuestas con buena fe a sumarse a su proyecto de reconstrucción de la patria, de salvación del país. De regeneración. Pero los padres de pueblos no necesitan mentes preclaras que los ayuden a transformar el mundo y establecer el paraíso en la tierra. Para moldear la arcilla del pueblo bueno y crear un pueblo buenísimo, poblador de una utopía, ya están ellos. Por eso, en cuanto brota un signo de autonomía crítica, una iniciativa no pedida, te vas al basurero de la historia, o algo peor en el caso de las autocracias abiertas. Al inicio, la Revolución del 17 dio lugar en el gobierno a los artistas de la vanguardia rusa, esos que pretendían no sólo crear un arte revolucionario sino sobre todo un mundo nuevo, justo, habitado por superhombres proletarios. Acabaron marginados o muertos. Fidel le pellizcó el cachete con afecto a cuanto intelectual local o foráneo se le atravesara con mirada anhelante. A todos los defenestró en cuanto matizaron sus logros, no digamos ya cuando lo criticaron abiertamente.

Lenin se refería así, como a “tontos útiles”, concretamente a aquellos intelectuales de Occidente que, ingenuos, debían reforzar su imagen, sonreír, edulcorarle el ego, salir en la foto, y acatar. Hijos obedientes. Pero el término se extiende hoy a los aplaudidores locales, que, reloaded, aparecen en todo el mundo con cada connato de autocracia salvífica. Los síntomas se repiten. ¿Que el supremo líder da señales de autoritarismo? Es la mejor alternativa a la corrupción reinante. ¿Que la corrupción campea en su entorno? Ojalá criticaran lo que pasa en otros frentes. Que los trapos sucios se lavan en casa. Que no se dan armas al enemigo. Que seguro estás vendido. Que los medios calumnian. Que benditas las redes sociales.

Y ahí, en las redes sociales, campean. Las redes: un lugar donde puedes hablarle a millones, pero también ser desterrado del reino frente a millones cuando les digas lo que no se te instruyó.

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