• Regístrate
Estás leyendo: Maradona, buen memorialista
Comparte esta noticia
Sábado , 26.05.2018 / 09:09 Hoy

Malos modos

Maradona, buen memorialista

Julio Patán

Publicidad
Publicidad

He escrito bastante sobre Maradona en este espacio, casi siempre mal. Creo que el personaje lo justifica, tanto lo de escribir bastante como lo de escribir mal. Por un lado, la foto de El 10 debería aparecer en cualquier diccionario bajo la palabra “ídolo”. Futbolista enorme, ha creado, sí, una especie de culto a su alrededor. Rebasa de sobra, pues, los terrenos de lo estrictamente deportivo para incrustarse en la cultura contemporánea como un icono,perotambién como un síntoma. ¿Síntoma de qué? Del lado oscuro de “lo popular”.

Y es que, a despecho de los cantores del “pueblo bueno”, es decir de la retórica populista, eso que llamamos confusamente lo popular es una garantía de riqueza, de vitalidad y ciertamente de muchas virtudes, pero también, como cualquier entorno, de lo contrario. Bien, Maradona es un ejemplo demasiado habitual de “lo contrario”. Sujeto de esos que, diría Borges, “desconocen la duda”, violento, conspirólogo y defensor de la trampa en función del victimismo –la “mano de Dios” en nombre de Las Malvinas–, ha sido el tonto útil para una larga lista de sátrapas, de Castro y Chávez a Evo o Ahmadineyad. No hay modo de justificarlo.

Dicho lo anterior, recomiendo sin ironías México 86. Así ganamos la Copa (Debate). Es un volumen de memorias que aporta no poca información desdela primera línea de fuego a lo que sabíamos, sospechábamos o se rumoraba sobre el triunfo combativo, astuto, conmovedor, sorpresivo sin duda, de una selección que llegó a México llena de dudas, con fuertes conflictos internos e incluso teológicos–esos entre losbilardistas y los menottistas–, y por si fuera poco con la responsabilidad de alegrarle la vida a un país que tenía fresquitos los recuerdos de las Malvinas y de los sádicos, inmundosmilitarotes que apenas cedieron el poder el 83.

Sobre todo, recomiendo la lectura de este libro por la sinceridad brutal de Maradona. Con excepciones notables, de Vasconcelos a Julián Herbert, tenemos en México una tradición memorialísticaaburridona y timorata, en la que la sobreintelectualización suele usarse como coartada y el autoanálisis descarnado, tan notable en tantos autores gringos, nomás no aparece. Equivocado ydelirante como siempre, también más generoso y comprensivo de lo habitual pero sobre todo dueño de esa franqueza a prueba de balas, Maradona le pinta la cara a Bilardo y Passarella al tiempo que habla de sus adicciones,

sus metidas de pata, sus trampas, sus salidas de tono. El libro, inevitablemente, resulta seductor. Un buen ejemplo para nuestras castas literarias, si me permiten.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.