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Domingo , 17.06.2018 / 19:21 Hoy

Malos modos

Luis de Llano al desnudo

Julio Patán

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Se nos da la historia en este país: tenemos muy buenos historiadores e incluso historiadores muy buenos que escriben muy bien, cosa que en otras tradiciones incluso más poderosas no es tan habitual. Pero se nos dan mucho mejor que otras la historia del pasado lejano y la de los grandes hechos, eso que el lugar común llama la Historia con mayúscula. Con la historia reciente o actual, y sobre todo con la de lo aparentemente menudo, la que se aleja de lo monumental, con esa hemos sido bastante negligentes. El día a día lo tenemos aún bastante descuidado.

Pienso en esto mientras me paso un muy buen rato con Expedientes pop (Planeta), el libro de memorias de Luis de Llano que finalmente aparece. Digo "finalmente" porque hace ya tiempo que empecé a insistirle al autor, un buen amigo, en que no nos regateara esos recuerdos. Y es que Luis, chilango del 45, ha sido en efecto una figura particularmente activa de la música y sobre todo de la TV, lo que significa: hasta hoy, el medio con más alcances y más capacidad de penetración de la historia mexicana. En efecto, de la cabeza febril de mi amigo vienen Timbiriche, Garibaldi o Alcanzar una estrella, o sea la memoria emocional de muchos miles de mexicanos, lo que significa: episodios exitosísimos de la cultura popular, pero también un momento icónico de lo contracultural y de la rebeldía setentera, como Avándaro, o fenómenos televisivos tan heterodoxos como Video Cosmos, que tanto ayudó a normalizar la presencia del rock en la pantalla.

El buen rato no sólo me lo proporciona esa fuerza testimonial. Está asimismo la otra fuerza testimonial, la de un entorno familiar que incluye a su abuelo, el general Llano de la Encomienda, pieza central de los ejércitos republicanos durante la Guerra Civil Española; su padre, Luis de Llano Palmer, pionero de la televisión y distinguido refugiado; su madre, la actriz y productora Rita Macedo, que luego se casaría con Carlos Fuentes; la coreógrafa Amalia Hernández, a su vez casada más adelante con su padre; su tío, Enrique Guzmán; su abuela, la escritora Juana Guzmán, y la lista sigue. Le ha tocado a Luis eso que los chinos llaman una maldición, y que en su caso no parece haberlo sido: la de vivir tiempos interesantes y en general un mundo interesante, al que responde —y ese es el otro motivo de placer al leer el libro— con una ironía autoinfligida y una falta de solemnidad que lo hacen una ave muy rara en el contexto mexicano.

Compren el libro. Podrán descubrir a Luis de Llano al desnudo. Metafórica y literalmente: hay foto.

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