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Malos modos

Los Stones en Cuba

Julio Patán

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Raúl y Fidel tienen aptitudes tarzanescas. De la URSS a Venezuela y ahora, 57 años después de imponer a Cuba una dictadura implacable, a Obama como punta de lanza de la decadente democracia occidental, saltan de liana en liana sin estrellarse contra el piso, e incluso logran recuperar una parte del prestigio que han dilapidado y desde luego no merecido.

Por eso dio un poco de coraje que los Rolling Stones tocaran en La Habana. Y es que los Stones, sobra decirlo, son uno de los fenómenos culturales clave del siglo XX, y la Revolución cubana es, para empezar, un fracaso cultural y educativo. Sé lo que viene ahora: lo de la alfabetización y los libros baratísimos y la Nueva Trova. Pero una revolución que en un momento u otro expulsa/prohíbe/reprime a Celia Cruz, Bebo Valdés, Cachao, Paquito D'Rivera, Cabrera Infante, Arenas, Sarduy o Jesús Díaz, y que bloquea el conocimiento de las nuevas tecnologías, y que proscribe una gran parte de la literatura o el cine del planeta —primero que ninguno los estadunidenses—, pero también de la música —la de los propios Stones para empezar—, caray, difícilmente es un éxito en ese apartado. Lo de Cuba con Fidel, en términos de exilio cultural, es muy similar a lo de la España de Franco, su compa.

De ahí el coraje: falta que los Castro se cuelguen la medallita, pensaba uno.

El coraje, sin embargo, duró poco. Raúl se mostró extraordinariamente corto de reflejos durante toda la visita de Obama, así que a los Stones ni atinó a tomarlos en cuenta como instrumentos para una operación de relaciones públicas, y si hay alguien más hábil que los dictadores cubanos en este mundo son justamente esos roqueros ingleses, piratas buenos, que desactivaron cualquier intento de manipulación con una intervención breve y sutil de Jagger: "Sabemos que años atrás era difícil escuchar nuestra música, pero aquí estamos tocando para ustedes en su linda tierra. Pienso que los tiempos están cambiando". Que, sobra decirlo, es una forma de decir que qué bueno que las cosas cambien, pero también que las cosas eran un horror.

Así que dejemos a un lado el escepticismo y la amargura y celebremos que los cubanos, que no podían oír a los Stones o a Hendrix o a quien quieran, que sufrieron cortes de pelo en la vía pública, que fueron refundidos en la cárcel por maricones en plena reivindicación internacional de la androginia y que todavía hoy las padecen para ver un miserable videíto en YouTube, al menos 300 mil de ellos hayan terminado la noche con "Satisfaction" en la Ciudad Deportiva.

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