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Domingo , 27.05.2018 / 02:33 Hoy

Malos modos

Lisbeth Salander

Julio Patán

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No se me dio lo de querer ser esposa de alguien, pero creo que si me hubieran obligado a elegir marido hubiera pensado en Stieg Larsson (1954-2004), el inventor de la saga Millennium y autor de las primeras tres novelas de lo que hasta ahora es una pentalogía. Tienen su mucha onda, los personajes femeninos de Larsson, un feminista discreto o cosa parecida que rodeó de mujeres autónomas, atractivas y brillantes a su alter ego, el periodista Mikael Blomkvist, un hombre feón aunque también atractivo que practica la libertad con la misma intensidad respetuosa que le parece normal en sus parejas, para empezar en la incomparable Lisbeth Salander, una amante que se ha convertido en una amiga, una hija y una aliada.

No voy a presentar en extenso, a estas alturas, a uno de los personajes literarios más populares del siglo. Hacker rabiosamente solitaria, hermética, con una inteligencia más que fuera de lo común, brava, eficaz, bisexual, Salander debería resultarnos intimidante y nada más a todos los lectores, particularmente a los masculinos. Como víctima del Estado que fue violada por su tutor —ocurrió en la primera de la serie, así que me permito el spoiler—, ejerce una violencia implacable, fría, contra aquellos hombres que someten a violencia a las mujeres —verdadero tema de Millennium—. Y lo hace con una estética complicada: poca higiene personal, una delgadez extrema que es en realidad pura fibra muscular, pelo aplemazado, esos jeans, esos tatuajes y esos piercings, esas botas de manifestante anarquista. Pasa sin embargo que Lisbeth es irresistible. Un personaje incomprensiblemente seductora, indefiniblemente sexy, que esperamos con ansiedad muchos lectores masculinos. Una forma nueva de la sexualidad femenina, una que —primitivos como somos— no estamos totalmente preparados para entender.

Pues Lisbeth está de vuelta y seductora, sí, otra vez. Las dos últimas novelas de la saga le fueron encomendadas a David Lagercrantz, sueco como Larsson, generación 62, conocido sobre todo por una bio de Zlatan Ibrahimovic y autor de las entregas cuatro y cinco: La chica en la tela de araña y la que me ocupa ahora, El hombre que perseguía a su sombra, recién salida del horno. La verdad es que Lagercrantz ha superado el desafío. Millennium no tiene ya ese aire refrescante, esa carga de novedad con que lo recibimos en la primera parte del siglo, cuando se volvió un fenómeno de ventas, pero a Lisbeth la dejas libre, sin inventarle mucho, y te resuelve un libro.

Hay personajes así. Los buenos.

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