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Viernes , 21.09.2018 / 23:25 Hoy

Malos modos

Héroes

Julio Patán

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Los perros rescatistas han invadido las redes sociales. Son adorados, y bien está que así sea. Me parece que no se trata solo de la cantidad de vidas que han salvado. Se trata también de la alegría y el cariño instantáneo que llevan a donde sea que vayan esos viejos compañeros de la humanidad. Verlos caminar entre los escombros, entre los edificios de rodillas, guapos, bien dispuestos, es una inyección de ánimo que va más allá incluso de las esperanzas concretas que significan sus talentos extraordinarios. Todo eso y más son los perros rescatistas, que, recordemos, también se juegan el físico y hasta la vida, y que merecen el cariño de los viandantes, el homenaje en las redes sociales, el reportaje en la TV o el periódico.

Nada más que no son héroes.

Es una obviedad decirlo, pero el heroísmo requiere un acto consciente de desprendimiento, de disposición al sacrificio, que no les está reservado a los perros, entrenados literalmente para "jugar" con esas personas que buscan. El heroísmo requiere saber que salvar la vida de tu vecino puede tener como precio la tuya y aun así empuñar el casco y la pala e ir a remover escombros. Sí, la palabra héroe es enorme, una de esas que realmente deben reservarse para momentos y personas excepcionales a fin de no vaciarla de significado, y estos sismos infernales nos han dado numerosas oportunidades de usarla con justicia. Va la lista de nuevo. Son heroicos las mujeres y los hombres que no titubearon en retar a las montañas de escombros. Los marinos y militares que han hecho un trabajo valiosísimo, incluido por supuesto ese soldado que rompió en llanto al no poder salvar a una mujer y su hija. Son héroes los rescatistas japoneses que homenajearon a esa otra mujer fallecida con los cascos en el pecho a manera de reverencia. Las y los 72 israelíes que cruzaron el mundo para salvar a personas de un país que probablemente no conocían. Ese albañil. Los bomberos y las y los topos y los paramédicos, otra vez. El cirujano que no dejó de operar a su paciente en pleno terremoto. Las maestras que pensaron en sus alumnos antes que en ellas. Los ingenieros y arquitectos que se meten a los edificios agrietados con la esperanza de que a esa familia sí puedan decirle que sigue teniendo una casa para vivir.

En esas personas, las que vencieron al miedo, las que tomaron una decisión, pues, está el heroísmo de este país. Reservemos a ellos la palabra héroe, heroína, para que siga representando el poder excepcional de sus actos.

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