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Malos modos

‘Fake News’

Julio Patán

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Hubo un tiempo en que la mentira venía a ser monopolio del Estado, como sabemos los que peinamos canas y guardamos recuerdos del priismo clásico, el que controlaba a los medios a golpes y caricias y por lo tanto controlaba sin contrapesos el flujo de la información. Las redes sociales desbarataron ese monopolio. La mentira, hoy, es un patrimonio compartido, en México y por supuesto en el resto del mundo, incluido ése en la que la libertad de expresión fue siempre más robusta.

Tal es —me parece: él no lo dice así— la certeza casi filosófica que alimenta a Esteban Illades, autor de un libro que nos conviene leer si queremos entender la clase de mundo informativo en que estamos sumidos: Fake News (Grijalbo). El libro se centra para empezar en Estados Unidos, como es de ley. Y es que tenemos unos vecinos raros, obligados, por principio de cuentas, a soportar a un presidente que gobierna a golpes de smartphone. De Trump se pueden decir muchas cosas, todas malas. Una es que ni los medios ni las redes sociales volverán a ser los mismos tras su paso, ojalá que breve, por la Casa Blanca. Es una figura paradójica, que refleja al mismo tiempo nuestra ingenuidad frente a los contenidos fake que se multiplican en la red y que él absorbe como esponja —es una figura lo bastante ridícula como para sumar su voz al movimiento anti vacunas—, y las infinitas posibilidades de manipulación y descalificación infame, cínica, del rival que ofrecen esos contenidos —los ha usado sin pudores contra la prensa o los demócratas—. El análisis de Illades es claro, informado, agudo, y viaja con envidiable naturalidad del tuiteo del Agente Naranja a Breitbart News, y de ahí a sus vínculos con los medios tradicionales, lo mismo la muy trumpiana Fox que la rebelde CNN, el NYT o el Washington Post.

Pero Illades cruza la frontera para meter los pies en las aguas poco claras del flujo de información a la mexicana, faltaba más. Lo de México es distinto, sin una tradición equiparable en términos de libertad de expresión, un porcentaje mucho menor de personas conectadas a la red y, por ejemplo, un uso de las redes sociales por los candidatos (perdón, intercandidatos) tan patosa que más que nada contribuye al arte del meme. Aun así, somos ya parte de ese mundo ancho y no ajeno en el que como nunca, diría Elias Canetti, la mentira se ha elevado a la categoría de masas. El mundo fake. Illades, ofensivamente joven, lo entiende. Acérquense a su libro.

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