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Miércoles , 17.10.2018 / 05:04 Hoy

Malos modos

Envidia de la decadencia americana

Julio Patán

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Viajo a LA y mi editor y amigo Gabriel Sandoval poco menos que me ordena leer el libro que lleva en la mano: Todos involucrados, de Ryan Gattis. Una joya. El autor se dio a la tarea de hablar con varios protagonistas de los disturbios del 92, esos que siguieron a la liberación de los tres policías acusados de golpear a Rodney King. ¿Recuerdan? Los Ángeles ardió en una ola de violencia “racial”, que Gattis narra con mano maestra en una novela de no ficción a la quele cuadran todas las expresiones cliché: es vertiginosa, es adictiva, es trepidante. Y es mucho más. La ciudad encuentra en Todos involucrados al novelista que necesitaba para volverse, otra vez, un personaje literario, como lo es en Ellroy o Walter Mosley. Un personaje lleno de quebranto: lo que se asoma es un mundo roto por el racismo, la pobreza, la marginación, ahí, al ladito de Beverly Hills.

¿Qué queda de aquelquebranto 24 años después? No sé. Supongo que la violencia perdura en muchos barrios. Pero en Korea Town, donde está mi hotel, se veuna curiosa forma de convivencia entre la población de siempre–esa que tanto sufrió el vandalismo durante los disturbios– y hípsters de todos los tipos étnicos imaginables. Lo mismo se percibe en Little Tokyo o en la babélica Tercera, para no hablar del concierto del Hollywood Bowl que me receté.

La costumbre es llegar una hora antes de la función con un picnic. Me tocó un programa gringuísimo: estreno de una pieza de Wynton Marsalis, notable, y la muy patriótica Tercera de Copland. En mi fila y la de adelante estaban una pareja de ancianos que bebían martinis, ella blanca, él mulato; una pareja wasp que regalaba chocolates, y una pareja gay de mexicano y paquistaní. Todos en santa paz, incluso en santa cordialidad.

¿Es representativo de los Estados Unidos de hoy lo que percibí en Los Ángeles? Sostengo que sí, como habrá comprobado quien conozca NY, Seattle o San Francisco. Que con sus muchos problemas de racismo, su clase obrera en pie de guerra, su cinturón bíblico y sus políticas migratorias atroces, los vecinoshan encontrado una forma de convivencia en la pluralidad que ya quisieran para sí los democráticos franceses.

El concierto, como la novela, tienen hoy, por supuesto, una gran pertinencia política. Lo pensaba mientras trataba de entender a qué se refiere Trump con lo de la decadencia americana, la de esa primera potencia que encabeza todas las listas de empresas o universidades al tiempo que permite lo del Hollywood Bowl.

Qué envidia, esa decadencia. A ver si el imbécil nos manda un poco antes de levantar el muro.

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