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Malos modos

El secreto de la longevidad

Julio Patán

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Varios de ellos bailan, cantan o tocan un instrumento. En general, comen de todo y sobre todo no se preocupan mucho por lo que comen. Tienden a no perder la curiosidad. Pasean. No es raro que tengan sentido del humor. Aunque en realidad la única constante, la única verificable al menos, es que tienen —así, ampliamente— una buena disposición ante la vida, un buen ánimo. La disfrutan. Tienen ganas de vivirla. Tienen ganas de seguir aquí. Bueno, esa constante y la de que dudan que haya realmente un secreto de la longevidad, lo que delata, sí, que el título de esta columna es más bien tramposo. Mis disculpas.

Vienen a cuento estas anotaciones porque se estrena el viernes un documental sobre aquellas personas, en México, en Japón, en Italia, en Canadá, en Costa Rica, que han pasado largamente de los 90 años e incluso de los 100. Aquí sigo, se llama. Lo dirige Lorenzo Hagerman, conocido sobre todo como fotógrafo y director de foto (Presunto culpable, Heli, Hecho en México) y confirmado ahora como un director de talento. La película, construida en torno a una serie de conversaciones in situ con los protagonistas, se mantiene en un registro difícil de conseguir: elude la tristeza, transita en una alegría bien templada, que es un rasgo que tal vez sí podamos encontrar en todos los protagonistas, pero no incurre en el pecado de la cursilería, de la condescendencia ñoña, y sobre todo no aterriza en conclusiones fáciles ni en recetas de la felicidad. El filme parte de la premisa irrebatible de que esas personas merecen ser escuchadas, sin muchas explicaciones, y constituye un mosaico de testimonios entrañable, vivo, creíble, que solo es posible porque Hagerman recuerda que el documental suele exigir lo que exige el cine de ficción: la capacidad de crear personajes.
Lo consiguió. Aquí sigo es, ante todo, eso: el encuentro con personajes perfectamente bordados, personajes redondos y seductores.

De paso, quedan desterrados varios lugares comunes. Entre ellos, me parece, el de las virtudes de la relajación contemplativa. Todos los protagonistas de Aquí sigo no solo trabajaron, sino que lo siguen haciendo. Necesitan una cuota de estrés, esa gasolina.

La película nos recuerda también que en esta vida el azar juega y juega mucho. Estas personas no son propensas a enfermarse. Y lo saben. Les dejo este spoiler, buena materia de reflexión. Nos dice una muy anciana costarricense, y enseguida pega una carcajada: “¿Sabes cuál es la única enfermedad que he tenido? Criar a once hijueputas”.

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