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Miércoles , 20.06.2018 / 08:25 Hoy

Malos modos

El engaño populista

Julio Patán

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No hace muchos años, un amigo de cierta edad, exiliado argentino, me dijo con toda convicción que nos dejáramos de historias: que con Perón hasta el último de los obreros se podía comprar un cochecito. Que las críticas contra el caudillo —el término es mío, claro— eran alevosas, malintencionadas. Que el proyecto peronista había sabido demostrar su virtud hasta que la maldad de los conspiradores —la oligarquía, los milicos, los yanquis— había dado al traste con él. No, a mí amigo no le dicen nada palabras como asistencialismo.

Esto viene a cuento porque el mundo vive una oleada populista, o tal vez una serie de oleadas, si empezamos con la llegada al poder de Hugo Chávez, a fines de los 90, y nos remontamos hasta el pasado recientísimo, con, por ejemplo, Podemos en España o lo que parece el camino hacia el poder planito, sin obstáculos, de AMLO en México. Y es que el populismo es pegajoso, pertinaz: somos reincidentes, como bien recuerdan Axel Káiser y Gloria Álvarez en El engaño populista (Ariel), un librito que con los tiempos que corren deberíamos tener todos en la mesa de noche, junto a la Biblia, el Corán o el de Harry Potter. Un libro que repasa los orígenes del populismo, lo vincula con el socialismo de raigambre marxista —pertenecen a la misma familia, en efecto—, expone y desarticula sus trampas dialécticas, nos recuerda cifra a cifra, país a país, el páramo de pobreza, inactividad productiva y corrupción que ha generado sin excepciones, y hasta se da tiempo de recordarnos que sí, es un fenómeno cíclico en América Latina, pero de ninguna manera es un fenómeno exclusivamente latinoamericano.

Ahí, justamente, la pertinencia de este libro, en este momento. Liberales sin ambages, Álvarez, politóloga guatemalteca, y Kaiser, un conferencista y articulista chileno francamente controversial, de esos que patean el avispero con buen éxito, exponen clarito y sin rodeos, una muy agradecible virtud cuando a la par de Correa, Evo, Maduro o Daniel Ortega, prendidos del poder como pitbulls, se nos vienen encima sujetos como Trump, los hooligans del Brexit o la señora Le Pen en Francia, que no son populistas pura sangre pero comparten algunas estrategias y certezas con los que sí lo son: la compulsión antiliberal, el conspiracionismo, la retórica bravucona, la difuminación grosera de la línea divisoria entre lo privado y lo público —el caso del futuro presidente gringo es grosero, no hace falta decirlo.

Un libro, pues, El engaño populista, que ni mandado a hacer para arrancar sin vendas en los ojos un año que se ve francamente feo. Ni modo: se acabaron las fiestas. Hora de volver al mundo, carajo.

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