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Martes , 23.10.2018 / 00:56 Hoy

Conceder y luego insultarse

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Van dos historias de Twitter que me parecen ejemplares.

La semana pasada hice referencia a la oleada de antisemitismo surgida a raíz de un artículo de León Krauze, artículo que desembocó en una discusión con John Ackerman, primero, y después con varias otras figuras mediáticas, entre ellas el monero Helguera. Justo usé a estos dos personajes como ejemplos de quienes si bien, subrayé, no profesan prejuicios antisemitas, guardaron silencio ante las declaraciones repulsivas de muchos de quienes los apoyaban (puede que hayan corregido el rumbo después). Por algún motivo, Helguera entendió justamente lo contrario, es decir que lo acusaba de antisemita —cuando digo claramente que “No hay indicio alguno” de que así sea—, y me llamó “anormal”. Siguió un intercambio de golpes verbales inútil, breve y violento, que celebro.

En serio. No seamos ñoños. Twitter es muchas cosas, entre ellas una posibilidad de violencia verbal controlada, catártica, y bien está. Con todo, creo que Helguera y yo, o Ackerman, o AMLO para el caso, desperdiciamos una oportunidad: la de decir claramente que, más allá de nuestras diferencias y hasta antipatías mutuas, hay temas con los que no transigimos. Como el antisemitismo, sí.

Caso dos. Aplaudí que Claudia Sheinbaum declarara que probó la mota. Los políticos, cuando no abiertamente conservadores ante el tema, son hipocritones o demasiado cautelosos a la hora de abordarlo. No sufrí una andanada de insultos, pero me vi en la situación inédita de ser catalogado como partidario de Morena, entre descalificaciones integrales a la candidata. Quien me haya leído sabe que si algo no soy es morenista. Tengo no dudas sino certezas sobre la incapacidad de AMLO y su entourage para conducir decentemente un país, y lo he dicho. Pero no creo que militar en un partido invalide a priori a alguien, y no creo que una mala idea o una mala decisión invalide cada una de tus ideas y decisiones. Mi punto es que entre esos tuits hubo uno que también celebré. Javier Lozano, sumado a la campaña de Meade, tuiteó a su vez que él no ha probado la mariguana, pero que respeta la honestidad de quien reconoce haberlo hecho. Me parece que el gesto lo honra, y lo dije. Y entonces me cayeron las descalificaciones por andar con la mafia del poder y blablabla, junto a las descalificaciones igual de integrales contra Javier.

Las democracias se sustentan en el derecho al insulto. También, en la posibilidad de acuerdos mínimos. Concedamos unos pocos gestos de reconocimiento y luego volvamos a insultarnos. Propongo.

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