• Regístrate
Estás leyendo: "Cartel Land": las "autodefensas" en primer plano
Comparte esta noticia
Domingo , 21.10.2018 / 20:36 Hoy

Malos modos

"Cartel Land": las "autodefensas" en primer plano

Julio Patán

Publicidad
Publicidad

Dije aquí antes que la primera razón de la existencia de Estado es garantizar la seguridad de los ciudadanos. Es el contrato social: tú, individuo, cedes una cuota de libertad y te resignas a abandonar la violencia; yo, Estado, impongo la paz. ¿Qué pasa cuando el Estado lo rompe? Que la otra parte, el individuo, tiene el derecho y casi el deber, por supervivencia, de hacer lo propio. Tal es el fundamento de Cartel Land, una película que tienen que ver cuando se estrene a principios de julio.

O habría que decir: el fundamento de una parte de Cartel Land, la más valiosa, porque si algún defecto tiene este documental es una especie de fractura narrativa. La historia transcurre en dos escenarios. Uno es la frontera del lado estadunidense, donde la Arizona BorderRecon, una milicia armada como las muchas que hacen ejercicios de tiro por los campos estadunidenses, patrulla el desierto para enfrentar al narco. Cosa que no hace. Esa pandilla de lunáticos envuelve en un discurso de seguridad nacional una naturaleza predeciblemente xenófoba mientras juega a la guerra. Punto. No está mal como tema para un documental, pero para uno diferente, porque en éste el que vale la pena es el otro escenario: el Michoacán de las autodefensas, el que tiene en el doctor Mireles a su figura emblemática, separado por un abismo del milicianismo del norte.

El abismo es la realidad. Una realidad atroz que es la de las zonas dominadas por el narco, es decir, la realidad de las violaciones, los tiroteos, la extorsión, contra la que se alzaron Mireles y los suyos, antes que por heroísmo, por desesperación, olvidados por las autoridades. Vaya documento. El director Matthew Heineman cuenta la historia a un palmo de distancia, en primer plano, como nadie la contó ni la contará, entre balas, con testimonios a pie de banqueta de presuntos vigilantes y presuntos narcos, conmovedoramente, con las víctimas en el acto de desnudar sus penas frente a nosotros. Una historia llena de contrastes, de matices, que no conduce a mayores optimismos. Porque Heineman no es el turista revolucionario embrujado por el México profundo, el gringo políticamente correcto infatuado con Villa o el Subcomandante que llegó a narrar una historia feliz de utopismo autogestivo. Sin retórica, sin discursos edificantes, lo que nos recuerda es que cuando el Estado deja un vacío éste solo puede llenarse o mal o muy mal, en grados variables de abuso del poder, de ajuste de cuentas so pretexto de la justicia, de mesianismo. Así en Michoacán, antes y después de Mireles.

No van a salir bailando de contentos de la sala de cine, no. Pero es que en México hace rato que los primeros planos no son muy alentadores.

Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.