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Sociedad y derechos humanos

¿Y el interés superior del menor?

Julián Germán Molina Carrillo

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La necesidad de proporcionar al niño una protección especial para el pleno y armonioso desarrollo de su personalidad, es una máxima universal, considerando que debe estar plenamente preparado para una vida independiente en sociedad y ser educado con el espíritu de ideales de paz, dignidad, tolerancia, libertad, igualdad y solidaridad, ante lo cual, se vuelve trascendental que deba crecer en el seno de la familia, en un ambiente de felicidad, amor y comprensión.

Esta máxima fue plenamente comprendida y plasmada en la Convención sobre los Derechos del Niño, la cual es el primer tratado internacional especializado de carácter obligatorio, que reconoce los derechos humanos de todos los niños, niñas y adolescentes del mundo. A lo largo de sus 54 artículos, establece un marco jurídico inédito de protección integral a favor de las personas menores de 18 años de edad, que obliga a los Estados que la han ratificado a respetar, proteger y garantizar el ejercicio de los derechos civiles y políticos, económicos, sociales y culturales de todas las personas menores de 18 años de edad, independientemente de su lugar de nacimiento, sexo, religión, etnia, clase social, condición familiar, entre otros.

Pues bien, en días pasados, los ciudadanos del mundo hemos sido testigos de uno de los actos que mayor indignación ha causado ante una violación flagrante de estos postulados. Desde que el gobierno de Estados Unidos anunció su política de tolerancia cero a principios del mes mayo, más de 2 mil 300 niños han sido separados de sus padres en la frontera entre Estados Unidos y México.

Por lo anterior, bebés y niños pequeños son extraídos de los brazos de sus padres en la frontera y enviados a refugios que parecen jaulas, y que nos recuerdan los campos de concentración donde los nazis tenían recluidos a los judíos, y con ésta conducto el gobierno estadounidense viola la observación obligatoria del interés superior del menor, ya que los niños nunca deben ser detenidos por motivos relacionados con su estado migratorio o el de sus padres. La detención nunca va en el mejor interés del menor y siempre supone una violación de los derechos de la infancia.

Aunado a lo anterior, más de una docena de albergues donde el gobierno de Estados Unidos envió a niños migrantes fueron acusados de violar estándares de atención, indicó un informe independiente, que reporta acusaciones de abuso físico y sexual, así como violaciones de normas de seguridad y cuidado de los niños ocurridos en albergues privados.

Esta inadmisible y cruel violación de derechos humanos de los niños ha causado diferentes expresiones de rechazo tanto al interior del país vecino, como en el entorno mundial. La Organización de las Naciones Unidas (ONU), por ejemplo, expresó su preocupación por la separación de niños migrantes de sus padres por parte del Gobierno de Estados Unidos, quien procede a detenerlos tras cruzar la frontera al sur del país.

Asimismo, la portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos expresó que separar familias y detener menores de edad representa una violación grave de los derechos del niño. El interés de los niños siempre tiene que ser el primero. La mayoría de estas familias salieron de Guatemala, Honduras y El Salvador huyendo de situaciones de creciente inseguridad y se les debería proteger.

Como podemos observar, ahora los niños de padres migrantes, quienes no tuvieron oportunidad de elegir si entrar o no a Estados Unidos, son objeto de la toma de decisiones xenofóbicas, neonazis y hasta absurdas del presidente Trump, que con tal de justificar sus ideales y necedades atropella y vulnera derechos humanos de los seres más desvalidos y necesitados de protección, los niños y niñas, situación que lo pone nuevamente en confrontación con la mayoría de los que habitamos este mundo.

La actitud de Trump no debería extrañarnos, ya que sus decisiones y exacerbado nacionalismo rayan en lo absurdo y arbitrario en contra de todos aquellos que no tienen la ciudadanía norteamericana, sin distinción, ya que para él da lo mismo violar los derechos humanos de mujeres, niños, adultos mayores o personas con discapacidad. Sólo la presión internacional y el rechazo a este tipo de políticas fueron capaces de obligarlo a dar marcha atrás en casos como este, donde por encima de los derechos de los menores, puso la defensa del territorio de los Estados Unidos. No cabe la menor duda, de que el otrora país ejemplo de la libertad y la democracia y que se ha pronunciado por condenar a otros países por violaciones a derechos humanos, hoy nos demuestra que su discurso sólo es retórica y que su presidente los lleva a una situación de grave retroceso en la materia.

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