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Viernes , 21.09.2018 / 17:13 Hoy

Sociedad y derechos humanos

¿Frente Ciudadano por México? ¡Más de lo mismo!

Julián Germán Molina Carrillo

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Para todos los integrantes de la sociedad mexicana es evidente la crisis de falta de credibilidad y desconfianza por la que atraviesan todas las instituciones partidistas que participan en la construcción de nuestra vida democrática, por lo que las mismas, buscan desesperadamente encontrar estrategias que los lleven a no quedar fuera del cúmulo de privilegios económicos y políticos que significa obtener triunfos en las próximas elecciones federales, que serán históricas en el país por los más de 3 mil puestos de representación que estarán en juego y, sobre todo, la “joya de la corona” que es la Presidencia de la República.

Es así que, ante la seria amenaza de perder las próximas elecciones, los partidos políticos PAN, PRD y MC (Movimiento Ciudadano), el pasado cinco de septiembre acudieron al INE a solicitar su registro como frente político, denominado “Frente Ciudadano por México”, con vigencia hasta el 31 de diciembre de 2024, con el cual confían ganar el proceso de 2018, afirmando sus integrantes, que instalados en el gobierno, podrán integrar una coalición “para cambiar de régimen, y terminar con los intereses que ahora componen la política”.

Es decir, los flamantes líderes de estos tres partidos, Ricardo Anaya del PAN, Alejandra Barrales del PRD y Dante Delgado de Movimiento Ciudadano, insultan la inteligencia de los ciudadanos y creen que al momento de votar, nadie se acordará que fueron el PAN y el PRD, quienes hicieron posibles con su voto las reformas estructurales impulsadas por Enrique Peña Nieto; es decir, cuando les convino el “statu quo” de acuerdos y componendas con el PRI, no tenían problema alguno, a pesar de ir en contra de los intereses de la gran mayoría de los mexicanos, pero ahora, les salió lo “demócratas” y se acuerdan que son oposición y combaten lo que ellos solaparon durante el actual gobierno. “Ver, para creer”

En otra perla negra, Ricardo Anaya afirmó que los ciudadanos quieren el frente porque es plural, es esperanza, es futuro y es solución a sus problemas. Expuso que la más reciente encuesta de Consulta Mitofsky, revela que si hoy fueran las elecciones, el frente obtendría el 21.2 por ciento de los votos, Morena 16.4 por ciento, y el PRI y sus aliados 14.8 por ciento, mientras que la encuesta de Parametría da 32 por ciento al frente, 23 por ciento a Morena y 15 por ciento al PRI y sus aliados.

Es decir, nos están diciendo que en tan solo diez días, el frente formado por estos partidos políticos ha alcanzado la fuerza suficiente para hacer olvidar los escándalos de corrupción e impunidad de sus integrantes y, además, ha terminado con las aspiraciones del PRI de continuar en el poder y de lograr que Andrés Manuel López Obrador sea derrotado, por tercera vez, como candidato a la presidencia.

Desde mi punto de vista, es evidente que el único objetivo que persiguen los integrantes de este “frente”, es fortalecerse política y electoralmente para poder aspirar a estar dentro de las negociaciones de poder que otorgan los resultados del proceso electoral y, en otros casos, a no perder su registro como partido político para poder seguir disfrutando de las prerrogativas que reciben, gracias al financiamiento público que la federación otorga a dichos partidos.

Porque, si bien es cierto, con la reforma del 10 de febrero de 2014, se adicionaron y derogaron diversas disposiciones constitucionales que posibilitan formar gobiernos de coalición por decisión del Presidente de la República, con formaciones políticas representadas en el Congreso, distintas al partido en el gobierno, bajo las condiciones establecidas en la propia Constitución.

También es cierto que, una coalición o frente formada con fines electorales y revestida de tantos intereses distintos y hasta contrarios en ideología partidista, así como en intereses particulares de sus dirigentes, no garantiza el establecimiento de un gobierno de coalición, en el cual todos sus integrantes hagan a un lado dicho cúmulo de intereses por el ejercicio de poder.

Muestra de lo anterior, fue la escenificada en Puebla, con el Gobierno anterior, quien logró conformar una coalición partidista nunca antes vista, en la que, casi todos los partidos políticos que participaron en dicho proceso electoral (2010), se unieron para sacar al PRI de casa Puebla y al lograrlo, el gobierno poblano estuvo controlado por solo un hombre y sus incondicionales, o patrocinadores económicos, haciendo a un lado a las fuerzas partidistas que se coaligaron para empoderarlo, incluso haciendo a un lado al partido que lo impulsó a la candidatura.

Si bien es cierto, el fundamento de introducir los gobiernos de coalición es fortalecer al estado mexicano, el cual, de 1997 a finales de 2012, llegó a presentar parálisis parlamentaria, la cual fue reactivada gracias al Pacto por México. También es cierto que, el gobierno de coalición, debe surgir en base a la necesidad organizativa de un estado, en la que todas las ideologías políticas, triunfadoras y vencidas, tengan participación activa en el ejercicio de poder y toma de decisiones, más no surgir de un reparto de intereses particulares de los principales actores políticos, en busca de un beneficio contrario al social.

Aún falta mucho camino por recorrer por este frente y su primera prueba de fuego es nombrar, mediante consenso, quién será su candidato o candidata a la Presidencia de la República, si en esto no logran un acuerdo, veremos una lucha de grupos y fracciones que pueden descarrilar la unidad, beneficiando a las alianzas que seguramente conformarán el PRI y Morena con sus aliados.

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