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Miércoles , 19.09.2018 / 02:53 Hoy

Sociedad y derechos humanos

AMLO y el bono democrático

Julián Germán Molina Carrillo

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Después del triunfo de Andrés Manuel López Obrador, en el pasado proceso electoral 2018, toca ahora al presidente electo, la resolución, planeación y puesta en marcha de todas las promesas que en campaña realizó y que todos aquellos que apoyaron las mismas decían, sería la solución a la crisis político, social, de seguridad y económica que México enfrenta.

Y dentro de las propuestas de campaña, la que fue su estandarte de lucha más fuerte, lo fue sin lugar a dudas, la promesa de erradicar el fenómeno de la corrupción que tiene a México ubicado en los primeros lugares del mundo, donde este fenómeno ataca considerablemente al tejido social, siendo un factor negativo para atraer inversiones al país.

El tema de la corrupción en México es un tema tan complejo como delicado y que en verdad urge abordar frontalmente para poder lidiar con ella de manera efectiva. Dicho tema es complejo por la cantidad de facetas o aspectos que presenta, y es delicado porque la vida nacional se ha visto profundamente afectada por la omnipresencia y (de seguir así las cosas) la omnipotencia de la corrupción.

De la manera más general posible, me parece que en la actualidad tres son los efectos más desastrosos de la corrupción, a saber, la perversión de la mentalidad, el encarecimiento innecesario de la vida y el debilitamiento constante de las instituciones que se traduce en impunidad para los delincuentes.

La corrupción, es un problema multifacético y complejo con distintas causas y efectos, que van desde el caso aislado que involucra a un solo burócrata, hasta convertirse en un fenómeno general que origina una serie de distorsiones en la economía.

Por lo que, coincidimos, López Obrador acertó al ubicar a la corrupción como el problema central del país, sin embargo, ante un problema de las características enunciadas, la solución de igual forma tiene que ser multifacética e integral, puesto que no solo con el ejemplo de los integrantes de su gabinete creo que se pueda lograr, o con reducir los sueldos de todos los funcionarios del gobierno federal.

Recordemos que la corrupción tiene hondas raíces en nuestra historia, en prácticas, en mentalidades que es difícil desterrar de una día para otro. La corrupción es algo más que la mera vulneración de normas jurídicas de funcionamiento público, sino, observemos la desafortunada declaración del presidente de la Suprema Corte de Justicia de nuestro país, argumentando, para que no les bajen el mega salario como a todos, que necesitan ganar mucho para que no les lleguen al precio, condicionando su trabajo leal y honrado que juró realizar al percibir una cantidad exorbitante como sueldo y prestaciones, para no caer en la corrupción. ¿Mentalidad corrupta arraigada, o no?

Ante todo esto, la labor del presidente electo y su equipo de trabajo no será nada fácil, porque si bien es cierto, pareciera que la corrupción es asunto de autoridades y funcionarios solamente; sin embargo, se da tanto en la vida pública como en la privada, y en ambos niveles se caracteriza por la transformación perversa de un agente, para obtener un beneficio o ventaja.

Según la Secretaría de la Función Pública, asistimos a una degeneración en toda forma: quien debería ser nuestro aliado se convierte en nuestro enemigo. El servidor público se corrompe cuando utiliza en su provecho los impuestos, el médico se corrompe cuando extirpa un apéndice para pagar la hipoteca de la casa aunque el paciente no padezca apendicitis; los dos se valen de su función y la desvirtúan, el servidor público no sirve al bien común, como el médico no cura al enfermo. Estos hechos se combinan con otro fenómeno que agrava lo que estamos analizando: se ha disparado la corrupción y penetración de la esfera política conjuntamente con la de las instituciones por los grupos de la delincuencia organizada y delincuentes de cuello blanco, que los hay en todos los niveles y hasta en los partidos políticos.

Por ello, deberán tener en consideración que la capacidad corruptora de los carteles es tan grande como la enorme cantidad de dinero que circula en el mundo del crimen organizado. Según la ONU el negocio de las drogas en el mundo ascendía hace unos años a 800,000 millones de dólares anuales, a México se le queda el 15%, o sea 120,000 millones, sin contar lo que entra por trata de personas, prostitución, tráfico de órganos, secuestro, extorsión, robos, negocios no relacionados con drogas y negocios legítimos.

Uno de los primeros asuntos que MORENA deberá aclarar es el uso de los recursos que le asignó el INE y que destinó a un fideiocomiso para ayudar a los danmificados del sismo del pasado 19 de septiembre y que le hizo acreedor a una multa por 197 millones de pesos, por su mal manejo y falta de transparencia.

Sin lugar a dudas el tema favorito de AMLO o lo catapulta a convertirse en la figura emblemática de este país con la que tanto ha soñado, o lo entierra en el descrédito como sucedió con Vicente Fox, quién no supo qué hacer con el bono democrático que en el 2000 le dieron los mexicanos y terminó solapando las mismas prácticas corruptas y fortaleciendo a los grupos del poder que por décadas han saqueado el patrimonio y recursos del país.



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