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Lunes , 20.08.2018 / 03:08 Hoy

Doble fondo

Y que #YaSabesQuien… hace un #AMLO, con todo y tigre

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Es un rito sexenal ineludible para los candidatos a la Presidencia, así que el hombre enfiló hacia Acapulco, rumbo a la 81 Convención Bancaria. Llenó el lugar, fue el que más personas congregó. No es que sea el más popular entre la grey financiera, pero sí genera curiosidad... porque lo ven como alguien impredecible.

No lo ovacionaron, aunque sí le concedieron aplausos corteses al concluir su discurso. A los conspicuos personajes de los millonarios SPEI cotidianos les complació cuando él juró (es un decir) que no emprenderá nacionalizaciones (por ejemplo, de bancos); que no endeudará al país, que no gastará más de lo que ingrese, que ahorrará, que cero dispendios, que habrá disciplina fiscal, y que invertirá mucho dinero junto a los empresarios.

Y, por supuesto, para exorcizar demonios, gustó todavía más a la audiencia cuando el caballero reiteró que nada de expropiaciones, que nada de confiscar bienes (ya sabe usted, esas intenciones tipo Chávez o Maduro que le atribuyen); que respeto absoluto a la autonomía del Banco de México, que no habrá ninguna contrarreforma (para nulificar, por ejemplo, la reforma energética). Vaya, tan bien portadito estaba él, que hasta parecía egresado del ITAM, un impoluto miembro de lo que suele llamar “la mafia del poder”.

Puro amor y paz. Puro que estaba de buenas y 15 puntos arriba en las encuestas. Se trataba de calmar a todos. Frases conciliadoras esparcidas aquí y allá, gotas políticas de Rivotril para serenar al respetable público. Cada promesa de moderación era una pizca más de clonazepam en el vaso de agua de la comprensión empresarial y bancaria.

Todos andaban ya medio hipnotizados con el camarada ruso de pelo blanco y mirada juguetona, hasta que, en la sesión de preguntas y respuestas, alguien quiso indagar si aceptaría un resultado adverso, si reconocería una eventual derrota, y pasó esto:

“Yo tengo dos caminos, ya lo he expresado: Palacio Nacional (si gana) o Palenque, Chiapas (si pierde)”. Que si pierde se iría a su rancho, llamado La Chingada.

Risas. Hombre, si se hubiera detenido ahí. Pero no. Andrés Manuelovich no pudo someter… a López Obrador. Y entonces… hizo un AMLO. Y soltó a su indomable tigre:

"Si las elecciones son limpias, son libres (y pierde), me voy a Palenque, Chiapas, tranquilo... También (se transmutaba en tan solo dos segundos), si se atreven a hacer un fraude electoral, yo me voy también a Palenque. Y a ver también quién va a amarrar al tigre. El que suelte al tigre, que lo amarre. Ya no voy a estar deteniendo a la gente luego de un fraude electoral. Así de claro”, agregó, seco, en alusión a eventuales protestas sociales.

"#YaSabesQuién hizo un AMLO", empezaron a circular mensajes en redes. Sus dichos eran tomados como aquel intolerante “cállate chachalaca” de 2006. Como una amenaza, como un amago de violencia. Nada de que un plantón en Reforma para amansar al pueblo bueno: si hacen fraude, a ver quién amarra al tigre. A ver quién controla masas furiosas.

¿Cuántos numeritos así, cuántos AMLOs se necesitan para que pierda por tercera vez? No muchos. Uno o dos por mes. Parece que López Obrador nunca quiere ganar.

Otro político mexicano que no entiende, que no entiende…

jpbecerra.acosta@milenio.com
Twitter: @jpbecerraacosta

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