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Doble fondo

Y, ¿cuántos palomeados por el "narco" van a gobernar?

Juan Pablo Becerra-Acosta

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Durante el reciente proceso electoral, que inició en septiembre de 2017 y concluyó el pasado 1 de julio, 152 políticos y 371 funcionarios fueron asesinados, de acuerdo con el Indicador de Violencia Política de la empresa de análisis de riesgos Etellekt. De ese tamaño fue el horrendo saldo final de sangre derramada, en medio del ejercicio democrático que vivimos: 523 acribillados, entre políticos y funcionarios.

Etellekt informa que, de los 152 políticos que mataron, 48 eran precandidatos y candidatos a puestos de elección popular, aspirantes de todos los partidos.

En realidad fueron más los ejecutados: el conteo que llevamos en MILENIO documentó 53 aspirantes ultimados, 28 precandidatos y 25 candidatos.

Además, una semana antes de los comicios mil 29 aspirantes habían desistido de competir, 357 de ellos a escala federal y 672 en los estados, según datos recabados por MILENIO.

Si el crimen organizado ejecutó a 53 aspirantes, ¿a cuántos palomeó? ¿Nada más a otros 53 que ganaron los comicios, una vez asesinados sus rivales, o a muchos más por todo el país? ¿A los palomeados los obligó bajo su precepto de plata o plomo, o son cómplices?

Y de los mil 29 aspirantes que declinaron, ¿el narco avaló a otros mil 29 que sí despacharán con su venia en alcaldías, legislaturas y hasta en el Congreso de la Unión?

¿El Estado mexicano ya investigó? ¿Sabe en cuántos lugares hay focos rojos? En cada sitio donde mataron aspirantes, pero, ¿hay muchas zonas alarmantes adicionales? ¿Se indagaron ya los nexos de los que ganaron en los lugares de los ejecutados o renunciantes? ¿O al rato nos vamos a topar con vaya usted a saber cuántos Abarca aquí y allá, con sus policías puestas al servicio del narco, o bajo el yugo del crimen organizado?

¿La PGR ya pesquisó algo? ¿Y las procuradurías estatales? ¿Y la Comisión Nacional de Seguridad? ¿La Policía Federal? ¿La inteligencia de la Marina y el Ejército? ¿Alguien?

¿Y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen)? ¿Tampoco hizo nada? Ojalá que sí, porque justamente es “un órgano de inteligencia civil al servicio del Estado mexicano” cuyo propósito consiste “en alertar y proponer medidas de prevención, disuasión, contención y neutralización de riesgos y amenazas que pretendan vulnerar el territorio, la soberanía, el orden constitucional, las libertades e instituciones democráticas de la población mexicana, así como el desarrollo económico, social y político del país”.

Si el Cisen (Gobernación) no hizo su trabajo ni la PGR ni la CNS ni las áreas de inteligencia de la Marina y el Ejército, ni las procuradurías locales ni nadie, entonces lo que se nos viene encima es un horror, porque el voto criminal, a punta de balazos y amenazas, se habrá consumado impunemente, y eso empaña nuestra fiesta democrática.

En cuatro meses de transición hay un espacio de letargo natural. Ahí puede surgir un cierto vacío gubernamental que permita al crimen organizado tener un escenario propicio para que se asiente en el poder de mejor y más amenazante manera. Cuidado con eso…

jpbecerra.acosta@milenio.com
Twitter: @jpbecerraacosta

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